En Frankfurt, el Banco Central Europeo ha elevado sus tipos de interés al 2,5%, respondiendo a una inflación que se niega a ceder con la rapidez esperada. La decisión no es un punto final, sino una señal de que la institución está dispuesta a ir más lejos si los precios continúan resistiendo. Para millones de europeos, este movimiento se traducirá en cuotas hipotecarias más altas, crédito más caro y un horizonte económico marcado por la incertidumbre. Es el recordatorio de que las grandes decisiones tomadas en los despachos de los bancos centrales terminan, inevitablemente, en la mesa de cada