El Banco Central Europeo, guardián de la estabilidad monetaria de la zona euro, se adentra en territorio restrictivo elevando sus tipos de interés en respuesta a una inflación que promete ser más persistente de lo esperado, aunque menos feroz. Este giro, que resuena desde Fráncfort hasta los bolsillos de millones de ciudadanos, plantea una pregunta tan antigua como la economía misma: ¿cuánto frío hace falta para apagar un fuego sin congelar la casa?