El Banco Central Europeo elige en julio la prudencia sobre la urgencia, manteniendo los tipos en el 2,25% mientras observa cómo las tensiones en Oriente Medio elevan el petróleo a 95 dólares y amenazan con reactivar la inflación que parecía ceder. Es una pausa que no es rendición: Frankfurt gana tiempo para leer los datos antes de enfrentarse, previsiblemente en septiembre, a la disyuntiva más difícil del ciclo — proteger el crecimiento o doblegar definitivamente los precios.