El apocalipsis laboral de la IA se pospone, pero la desigualdad acecha

Potencial desplazamiento laboral de millones de trabajadores, especialmente jóvenes y profesionales cualificados, con riesgo de aumento de desigualdad y vulnerabilidad social.
El apocalipsis laboral se pospone, pero la desigualdad acecha
Mientras que los datos desmienten el colapso del empleo, los expertos advierten que el verdadero riesgo es la polarización y el aumento de la brecha económica.
Mark

Entonces, si entiendo bien, el apocalipsis laboral que todos tememos no está sucediendo. ¿Por qué la gente sigue asustada?

Mimi

Porque el relato ha calado muy profundamente. Las empresas de IA lo repiten en sus prospectus de bolsa, los políticos lo invocan, los intelectuales lo moldean en libros. Es un miedo que se alimenta a sí mismo, incluso cuando los datos dicen otra cosa.

Luke

Pero espera. El FMI estima que el impacto de la IA se dejará notar en el 60% de los empleos occidentales. Eso es una cifra enorme. ¿Cómo se concilia eso con que la IA ha creado más empleos de los que ha destruido?

Mimi

Hay una diferencia entre impacto y destrucción. El 60% de los empleos se verá afectado, pero eso no significa que desaparezcan. Significa que cambiarán, que se reorganizarán las tareas.

Mark

¿Y los jóvenes? Porque el artículo dice que la puerta de entrada al mercado laboral se estrecha para ellos.

Mimi

Ese es el verdadero problema. En Alemania, la robotización no destruyó empleo agregado, pero sí creó más dificultades para los recién graduados. Es como si el mercado laboral se estuviera polarizando: empleos de alto valor en un extremo, trabajos precarios en el otro.

Luke

Pero el artículo también menciona que en algunas profesiones que todos daban por finiquitadas, como radiólogos o asistentes legales, hay incluso más trabajo que antes. ¿Eso no contradice la narrativa de la polarización?

Mimi

No necesariamente. Puede haber más trabajo en algunas profesiones mientras que en otras hay menos. Lo que importa es que el cambio no es uniforme, y eso es lo que hace que sea tan difícil de predecir.

Mark

¿Entonces cuál es el verdadero riesgo?

Mimi

La desigualdad. Daron Acemoglu dice que los beneficios empresariales se han ido comiendo las rentas del trabajo, y que eso va a empeorar. La brecha entre empleos de primer nivel y trabajos precarios se va a ensanchar.

Luke

Pero eso ya está sucediendo, ¿no? La desigualdad ya es un problema. ¿La IA la va a acelerar o simplemente va a ser un factor más?

Mimi

Probablemente ambas cosas. La IA está centralizada en un puñado de empresas estadounidenses. Si no hay regulación, si no hay inversión en formación continua, si no hay redes de seguridad social, entonces sí, la desigualdad se va a disparar.

Mark

¿Y qué pueden hacer los gobiernos?

Mimi

Invertir en educación, crear redes de seguridad, regular la tecnología, cambiar los impuestos. China está pidiendo a sus empresas que adopten la IA sin despedir empleados. Europa podría hacer algo parecido. Pero la clave es que no se trata de frenar la tecnología, sino de introducir los incentivos adecuados para que el cambio sea más justo.

  • En EE UU, la IA creó 1 millón de empleos y destruyó 200.000 en el último año
  • El FMI estima que el 60% de los empleos occidentales se verán afectados por la IA
  • Empresas que más usan IA aumentaron empleo un 3,3%, según estudio de Stanford
  • En Alemania, la robotización no destruyó empleo agregado pero sí afectó la entrada de jóvenes al mercado laboral

Las cifras actuales muestran creación neta de empleo (1M empleos creados vs 200K destruidos en EE UU), sin evidencia estadística de apocalipsis laboral inminente. El riesgo real no es el desempleo masivo sino la polarización: empleos de alto valor versus trabajos precarios, con especial impacto en la entrada de jóvenes al mercado laboral.

Expertos desmienten predicciones catastrofistas sobre despidos masivos por IA, señalando cambios cualitativos en empleos más que pérdidas cuantitativas, aunque advierten sobre creciente desigualdad y dificultades para jóvenes.

Los expertos llevan años advirtiéndonos sobre el fin del trabajo. Las máquinas inteligentes van a destruir millones de empleos. Los jóvenes no encontrarán puerta de entrada en el mercado laboral. La desigualdad se disparará. Las democracias se tambalearán. Es un relato que ha calado profundamente en la psique colectiva, alimentado por empresas de tecnología que lo repiten en sus prospectus de salida a bolsa, por políticos que lo invocan en sus discursos, por intelectuales que lo moldean en libros y artículos. Pero cuando se mira con atención los números reales, la historia que cuentan los datos es más complicada y menos apocalíptica de lo que el miedo nos ha hecho creer.

Manuel Castells, sociólogo y exministro, señala algo incómodo: son las propias empresas del sector tecnológico las que están sembrando esos miedos en los documentos que presentan para cotizar en bolsa. Meter miedo es una de las maneras de ganar dinero a espuertas, dice. Y añade algo más: China, que está replicando en seis meses las innovaciones en frontera, no parece tener ni el más mínimo temor a ese supuesto armagedón de la inteligencia artificial sin control. Wall Street, por su parte, rechaza también la tesis de la crisis financiera inminente. Las empresas están invirtiendo sumas exorbitantes, reconocen, pero tanto las ganancias proyectadas como los ingresos reales son sólidos. Puede que haya una burbuja en algún momento, como ocurre con todas las innovaciones disruptivas, pero de momento no hay evidencia de que estemos en una.

El verdadero debate gira en torno al empleo. ¿Va a destruir la IA millones de puestos de trabajo? La respuesta corta es no. O mejor: al menos a corto plazo, no. Las cifras de empleo en toda la OCDE están en máximos históricos. En Estados Unidos, la IA ha creado un millón de empleos en el último año y ha destruido unos 200.000, según las estadísticas oficiales. Un estudio de la Universidad de Stanford que analiza centenares de miles de ofertas de trabajo en 41 países apunta que las empresas que más usan la IA han aumentado su empleo un 3,3%. Ni siquiera en los mercados más maduros, como el estadounidense, hay evidencia de que esa narrativa empiece a revestirse con el carisma frío de las estadísticas. El apocalipsis laboral, de momento, se pospone.

Pero eso no significa que todo sea tranquilidad. Simon Johnson, premio Nobel de Economía del MIT, admite que los efectos de la IA se acabarán notando, pero por ahora el impacto se ve más en lo cualitativo que en lo cuantitativo. No se trata tanto de despidos como de reorganización de tareas. Juliet Schor, del Boston College, vaticina que veremos caídas de las horas trabajadas y semanas laborales de cuatro días. Y aquí es donde el relato se vuelve más complejo: mientras que la historia económica sugiere que nunca una nueva tecnología ha perjudicado la demanda general de mano de obra, también es cierto que la adaptación no es gratuita. Algunos empleos desaparecen, otros se crean, pero muchos trabajadores se ven obligados a reciclarse, a formarse, a adaptarse para mantenerse a flote. En Alemania, la robotización no destruyó empleo agregado, pero sí creó más dificultades para los jóvenes. Ese es el canario en la mina: más que mirar las tasas de paro generales, los expertos advierten que hay que monitorizar los flujos de entrada al mercado laboral, especialmente entre los recién graduados.

El verdadero riesgo, según Daron Acemoglu, otro premio Nobel, no está en el desempleo masivo sino en la desigualdad. En todo Occidente, los beneficios empresariales se han ido comiendo las rentas del trabajo, y Acemoglu prevé que esos números van a empeorar. La brecha entre empleos de primer nivel con salarios multimillonarios y puestos de trabajo de bajo nivel con sueldos de miseria se va a ensanchar. Richard Sennet, el sociólogo estadounidense que hace dos décadas retrataba escenarios hostiles donde los cambios estructurales en el empleo destruían los pilares de la identidad humana, ve ahora sociedades cada vez más vulnerables, más desiguales. No es el apocalipsis laboral lo que le preocupa, sino la confusión y la vulnerabilidad que vendrán.

Los expertos consultados coinciden en que el Estado tiene la obligación de crear redes de seguridad. Entre las herramientas está ralentizar el cambio, como hace China, que insta a sus empresas a adoptar la IA sin despedir empleados. Hay quien aboga por subir los impuestos al capital y bajarlos sobre el empleo. Hay quien pide gravámenes para los centros de datos. Y hay un llamamiento a Europa a invertir, a no quedarse atrás. Incluso se ha reavivado la idea de una renta básica universal. Andrés Monroy, profesor de Princeton, advierte sobre el verdadero rey desnudo: el modelo económico de la IA está excesivamente centralizado en un puñado de empresas estadounidenses. La dependencia excesiva de una herramienta de la que no somos dueños es muy peligrosa. Y alerta: las grandes empresas de EE UU están pidiendo regulación, pero lo que quieren en realidad es acabar con las fuentes abiertas, el modelo elegido por China, para quedarse con todo el pastel. El futuro del trabajo no será decidido por la tecnología, sino por las decisiones políticas y empresariales que tomemos ahora.

Meter miedo es una de las maneras de ganar dinero a espuertas
— Manuel Castells, sociólogo y exministro
El impacto se ve más en lo cualitativo (reorganización de tareas) que en lo cuantitativo (despidos)
— Simon Johnson, premio Nobel de Economía del MIT
El mayor riesgo es que el modelo económico de la IA está excesivamente centralizado en un puñado de empresas
— Andrés Monroy, profesor de Princeton
Envie de l'histoire complète ? Lire l'original sur El País ↗
Nous contacter FAQ