Una lluvia de 30 litros por hora anegó el Casco Viejo y otras zonas de Bilbao el sábado, demostrando que la red de alcantarillado opera al límite de su capacidad. El sistema fue diseñado para el clima histórico de Bilbao (sirimiri), pero ahora enfrenta episodios de lluvia intensa que requieren infraestructuras completamente diferentes.
El alcantarillado de Bilbao colapsa ante lluvias que el cambio climático intensifica
No estamos preparados para el calentamiento global
¿Por qué el Ayuntamiento rechazó la idea de que las arquetas estuviesen tupidas? Parece la explicación más simple.
Porque si fuera solo eso, la solución sería una limpieza de rutina. Pero lo que pasó el sábado fue que llegó más agua de la que la red puede absorber, incluso funcionando correctamente. Es un problema de diseño, no de mantenimiento.
Aunque hay que notar que el Ayuntamiento no presentó datos de inspección de las arquetas. Solo rechazó la hipótesis. No sabemos si las revisaron realmente.
Treinta litros por hora no suena a torrencial. ¿Por qué entonces el colapso?
Porque la red fue diseñada para el sirimiri, lluvia suave y constante. No para aguaceros concentrados. Es como intentar verter un balde de agua en un vaso diseñado para goteo.
Correcto, pero el delegado de Aemet dijo que no fue ni un récord ni una efeméride. Eso significa que Bilbao debería estar preparada para este tipo de lluvia. El problema es que no lo está.
¿Qué hace Barcelona que Bilbao no?
Construyó depósitos subterráneos, tanques de tormentas que retienen el agua cuando el sistema no puede procesarla. Barcelona está más acostumbrada a lluvias torrenciales, así que invirtió en infraestructura.
Pero Barcelona también es mucho más grande y tiene presupuesto diferente. No es una comparación directa. Lo que sí es comparable es que Bizkaia ya está invirtiendo sesenta y seis millones en Galindo.
¿Cuándo estará lista esa solución?
A finales de 2027. Comenzó en 2018, así que son casi diez años de obra. Es un túnel de casi kilómetro y medio.
Eso significa que Bilbao seguirá vulnerable durante al menos otro año. Y el Ayuntamiento aún está en fase de «evaluación» de medidas. No hay un plan claro ni un cronograma.
¿Es posible que esto sea solo un episodio aislado?
El delegado de Aemet lo descartó. Dijo que no estamos preparados para el calentamiento global. Eso sugiere que esto volverá a pasar.
Pero también es verdad que el Consorcio ya ha construido seis depósitos con ciento cincuenta mil metros cúbicos de capacidad. Algo se está moviendo. La pregunta es si es suficiente y si es lo bastante rápido.
Le Pouls
- Lluvia de poco más de 30 litros por hora el sábado en el Casco Viejo
- Red de alcantarillado diseñada para el sirimiri, no para aguaceros intensos
- Tanque de tormentas de Galindo: 66 millones de euros, conclusión prevista finales de 2027
- Consorcio de Aguas ya ha construido 6 depósitos con capacidad conjunta de 150.000 metros cúbicos
Una lluvia de 30 litros por hora anegó el Casco Viejo y otras zonas de Bilbao el sábado, demostrando que la red de alcantarillado opera al límite de su capacidad. El sistema fue diseñado para el clima histórico de Bilbao (sirimiri), pero ahora enfrenta episodios de lluvia intensa que requieren infraestructuras completamente diferentes.
El Casco Viejo de Bilbao se inundó nuevamente por lluvias intensas que superaron la capacidad de desagüe de la red de alcantarillado, diseñada para un clima diferente al actual.
El sábado por la tarde, tres horas de lluvia intensa volvieron a convertir el Casco Viejo de Bilbao en un pantano. No era la primera vez. Tres años atrás, una tromba de agua había dejado la misma escena: calles anegadas, comercios cerrados, vecinos limpiando barro de sus casas. Ahora volvía a suceder, y esta vez el fenómeno se extendió más allá del centro histórico. Begoña, Castaños, Gran Vía y otros puntos de la ciudad quedaron bajo el agua. El episodio también afectó a municipios vecinos de Bizkaia, pero fue en el Casco Viejo donde la situación resultó más grave y visible.
La pregunta obvia era si había llovido de verdad tanto. Los datos de la estación meteorológica de Euskalmet en Abusu, la más cercana a la zona afectada, mostraban que sí hubo momentos intensos: durante diez minutos se superaron los ocho litros por metro cuadrado, y en otros tres intervalos de diez minutos se alcanzaron los seis litros. Pero según la clasificación oficial, no fue lluvia torrencial. Esa categoría se reserva para episodios que superan los sesenta litros en una hora, una constante de diez litros cada diez minutos. Lo del sábado fue algo más moderado: poco más de treinta litros en una hora. Enric Armengol, delegado en Euskadi de la Agencia Estatal de Meteorología, lo confirmó sin ambages. No fue un récord. No fue una efeméride. Pero añadió algo inquietante: «La capacidad de desagüe del Casco Viejo está al límite. Si hubiese seguido lloviendo... No estamos preparados para el calentamiento global».
El Ayuntamiento de Bilbao descartó rápidamente una explicación cómoda: que las arquetas estuviesen tupidas tras semanas sin lluvia, que el sistema necesitase una limpieza. Eso habría sido un problema con solución. En cambio, las fuentes municipales oficiales apuntaron a algo más profundo. Lo que ocurrió, dijeron, fue que «la red entró en carga», es decir, que llegó más agua de la que el sistema podía absorber. Ante esa situación, se tomó una decisión excepcional: verter agua directamente a la Ría, una práctica que normalmente se evita por razones ambientales. Por fortuna, el episodio del sábado ocurrió al atardecer, no durante la pleamar, lo que habría agravado aún más las cosas.
Al descartar problemas de mantenimiento y atribuir la inundación a la insuficiencia estructural del sistema, el Ayuntamiento estaba admitiendo un problema de grandes dimensiones. Pero no era nuevo. Tres años atrás, cuando la anterior tromba de agua, expertos ya habían señalado la raíz del asunto: la red de alcantarillado de Bilbao fue diseñada para un clima específico, el del sirimiri, esas lloviznas constantes y suaves que caracterizan el País Vasco. El escenario ahora es completamente distinto. Tanto el Consorcio de Aguas como la Agencia Vasca del Agua habían enfatizado que «llueve distinto» y eso lo cambia todo. Antes, las inundaciones urbanas solían venir de riadas. Ahora vienen de la incapacidad del drenaje urbano para gestionar aguaceros concentrados e intensos.
Otras ciudades ya habían reaccionado. Barcelona, mucho más azotada por lluvias torrenciales, había construido depósitos subterráneos para amortiguar los picos de caudal. Eran como tanques de tormentas, capaces de retener el agua que en ciertos momentos el sistema no podía absorber. Otras urbes habían ampliado colectores o multiplicado puntos de captación en las calles. Cuando se le preguntó al Ayuntamiento de Bilbao qué medidas había tomado para adaptar su alcantarillado a los nuevos regímenes de lluvia, la respuesta fue vaga: se seguiría trabajando, se comprobaría la modelización de la red con programas predictivos y un «gemelo digital» del sistema. En unos días, prometieron, podrían ofrecer información más concreta.
La realidad es que adaptar una red de alcantarillado a un nuevo clima es una empresa colosal. Cada ciudad organiza sus sistemas según sus necesidades históricas. Las alcantarillas de Bilbao no tienen nada que ver con los grandes canales de drenaje de ciudades como Los Ángeles, diseñadas para lluvias torrenciales. Eso requiere infraestructuras monumentales y muy costosas. Las administraciones tienden a ser cautelosas antes de invertir sumas enormes en adaptación climática mientras no haya modelos de largo plazo que ofrezcan certeza. Nadie quiere gastar dinero público en combatir episodios que podrían ser esporádicos.
Pero en Bizkaia ya hay señales de que algunas administraciones consideran que el nuevo clima es aquí para quedarse. El Consorcio de Aguas está concluyendo ahora el tanque de tormentas de Galindo, una obra que comenzó en 2018 y se prevé termine a finales de 2027 tras una inversión de sesenta y seis millones de euros. Es un túnel de casi kilómetro y medio de longitud cuya función es acoger aguas residuales que el sistema de saneamiento no puede gestionar durante episodios de lluvia intensa. Es parte de un plan más amplio: el Consorcio ya ha construido seis de estos depósitos con una capacidad conjunta de ciento cincuenta mil metros cúbicos. Bilbao, por ahora, sigue evaluando.
Citations marquantes
La capacidad de desagüe del Casco Viejo está al límite. Si hubiese seguido lloviendo... No estamos preparados para el calentamiento global— Enric Armengol, delegado en Euskadi de la Agencia Estatal de Meteorología
La red entró en carga, es decir, que entraba mucha más agua que la que podía absorber— Fuentes municipales del Ayuntamiento de Bilbao