En septiembre de 2026, el agujero de ozono antártico se expandió hasta 25 millones de kilómetros cuadrados, acercándose a niveles no vistos desde 2006. El fenómeno expone una paradoja profunda del cambio climático: el mismo calentamiento que transforma la superficie terrestre enfría la estratosfera, creando las condiciones exactas para que el ozono se destruya con mayor velocidad. La atmósfera, en su complejidad, nos recuerda que las consecuencias de la acción humana rara vez siguen una sola dirección.