En el tejido económico español, uno de cada dos empresarios ha enfrentado impagos durante el último año, una realidad que, aunque persistente, muestra señales inequívocas de mejora. Lo más revelador no es la cifra en sí, sino su causa: los fallos administrativos han desplazado a las dificultades financieras como principal origen de los retrasos, sugiriendo que el problema ya no es tanto la falta de dinero como la fragilidad de los sistemas internos. España se acerca, con paso lento pero firme, a los estándares europeos de pago, cerrando una brecha histórica que durante décadas la situó a la co