El 250 aniversario de EE.UU.: ¿qué independencia celebra Trump?

Migrantes deportados a El Salvador sin debido proceso; indultos masivos a atacantes del Capitolio; consideración de suspender habeas corpus.
Tengo derecho a hacer lo que quiera. No hay límites
Trump expresa la filosofía de poder absoluto que la Revolución Americana fue diseñada para rechazar.

En el 250 aniversario de su independencia, Estados Unidos celebra los principios que fundaron una nación —separación de poderes, libertad de prensa, desconfianza al poder absoluto— bajo un presidente que los contradice en la práctica. La paradoja no es menor: los mismos abusos que la Revolución de 1776 buscó derrotar parecen reaparecer hoy desde el interior del poder, no desde una corona extranjera. La historia, cuando se ignora o se distorsiona, tiene la costumbre de repetirse con ironía.

  • Trump celebra el 250 aniversario de la independencia mientras defiende un poder ejecutivo sin límites, usando sus propias palabras —'tengo derecho a hacer lo que quiera'— como evidencia de una filosofía que los Padres Fundadores diseñaron la Constitución para impedir.
  • Los aranceles unilaterales, los decretos sin respaldo del Congreso y el desacato sistemático a las citaciones parlamentarias replican exactamente los abusos fiscales y legislativos que en 1773 provocaron el Boston Tea Party.
  • La independencia judicial, pilar de la república, está bajo presión: jueces atacados públicamente, el habeas corpus considerado suspendible, migrantes deportados sin debido proceso y el Ministerio de Justicia en manos del ex abogado personal del presidente.
  • La prensa es llamada 'enemiga del pueblo', los monumentos confederados son restaurados y el día de Martin Luther King es reemplazado por una fecha en honor al propio Trump, borrando capas del legado igualitario que la nación proclama.
  • Historiadores advierten que Trump se compara con los Padres Fundadores sin conocer su historia —confundió aeropuertos con la Guerra de Independencia— mientras el mundo observa cómo la potencia más influyente del siglo XX celebra su mayor aniversario erosionando sus propios cimientos.

Este sábado, Estados Unidos cumple 250 años de independencia. La fecha debería invitar a reflexionar sobre los principios que dieron forma a la nación: la separación de poderes, la desconfianza al poder absoluto, la libertad de prensa, la igualdad. Sin embargo, la celebración transcurre bajo una presidencia que, según historiadores, replica con precisión lo que la Revolución buscó derrotar.

Trump defiende la teoría del Ejecutivo Unitario, que interpreta la Constitución como fuente de derechos prácticamente ilimitados para el presidente. Ha desviado fondos sin autorización del Congreso, ignorado citaciones parlamentarias y gobernado por decreto cuando le ha convenido. 'Tengo derecho a hacer lo que quiera. No hay límites', declaró a Axios. La Declaración de Independencia que conserva en el Salón Oval denuncia, con las mismas palabras, los abusos del rey Jorge III contra las legislaturas coloniales.

La comparación con el monarca británico se extiende al comercio: los aranceles unilaterales de Trump funcionan como impuestos regresivos que los ciudadanos pagan sin haberlos aprobado, el mismo mecanismo que en 1773 desató el Boston Tea Party. En materia de justicia, ha atacado públicamente a jueces que fallaron en su contra, indultado masivamente a los atacantes del Capitolio, considerado suspender el habeas corpus y deportado migrantes a una megaprisión salvadoreña sin debido proceso. El Ministerio de Justicia está hoy encabezado por su ex abogado personal.

Mientras tanto, Trump se compara a sí mismo con los patriotas de 1776 en discursos inaugurales, aunque nunca ha leído un libro sobre Lincoln y en 2019 afirmó que el ejército continental tomó aeropuertos durante la Guerra de Independencia, un siglo antes de que existiera la aviación. Johann Neem, de la Universidad Western Washington, lo resumió con claridad: si Trump supiera algo de historia, sabría que la Revolución fue una rebelión contra la tiranía y el poder arbitrario, que es precisamente lo que él ejerce. El aniversario más simbólico de la república expone, ante el mundo, la distancia entre lo que Estados Unidos proclama ser y lo que hoy practica.

Este sábado, Estados Unidos conmemora 250 años de independencia. La fecha debería ser un momento para reflexionar sobre los principios que fundaron la nación: la separación de poderes, la desconfianza hacia la autoridad absoluta, la libertad de prensa, la igualdad de los hombres. En cambio, la celebración ocurre bajo la presidencia de Donald Trump, cuyas acciones y filosofía política parecen replicar precisamente lo que los Padres Fundadores se levantaron para derrotar.

La ironía es tan marcada que historiadores la han señalado con claridad. Trump defiende la teoría del Ejecutivo Unitario, que sostiene que la Constitución le otorga derechos prácticamente ilimitados. Ha desviado fondos no autorizados por el Congreso para construir el muro fronterizo, ha ignorado sistemáticamente las citaciones del Parlamento, y ha legislado mediante decretos cuando le ha convenido. "Tengo derecho a hacer lo que quiera. No hay límites", le dijo a Axios. Esto no es una exageración retórica de sus críticos; son sus propias palabras. Mientras tanto, la Declaración de Independencia que Trump mantiene en el Salón Oval denuncia precisamente "los abusos y usurpaciones" de la corona británica, incluyendo los intentos del rey Jorge III de bloquear o eludir las acciones de las legislaturas coloniales.

La comparación con el monarca británico no es casual. Trump ha impuesto aranceles unilaterales que funcionan como impuestos regresivos para los consumidores estadounidenses. La Declaración acusaba a Londres de buscar "interrumpir nuestro comercio con todo el mundo e imponernos impuestos sin nuestro consentimiento". En 1773, esa política fiscal provocó el Boston Tea Party, cuando colonos furiosos arrojaron más de 300 cajas de té al puerto. Hoy, Trump replica el mismo mecanismo que encendió la revolución.

La justicia independiente era otro pilar fundamental. Alexander Hamilton argumentó que el Poder Judicial debía ser completamente autónomo para proteger a los ciudadanos de los abusos gubernamentales. Trump ha atacado públicamente la legitimidad de jueces y fiscales que han fallado en su contra, calificándolos de "corruptos", "parciales" o "herramientas políticas". Ha indultado masivamente a quienes atacaron el Capitolio en enero de 2021 y respaldó un plan para indemnizarlos. Consideró suspender el habeas corpus, lo que habría permitido al gobierno detener personas sin revisión judicial. Deportó migrantes a la megaprisión CECOT de El Salvador sin debido proceso, según dictaminaron jueces federales. El Ministerio de Justicia está ahora encabezado por su ex abogado personal.

La prensa libre era considerada por los fundadores como un contrapeso vital contra el poder. Trump la ha llamado "enemigos del pueblo" porque no se alinea con su construcción de posverdad. Ha rechazado también el principio fundamental de igualdad de los hombres, buscando restaurar monumentos confederados esclavistas y eliminando el día de Martin Luther King para reemplazarlo por "el día de la bandera y cumpleaños del presidente Trump".

Todo esto ocurre mientras Trump se compara a sí mismo con los Padres Fundadores. En un discurso inaugural de estos fastos, afirmó: "Al igual que aquellos patriotas de 1776, en los últimos 17 meses hemos recuperado el poder de la clase política. Hemos reclamado nuestra soberanía, recuperado nuestra libertad, restaurado nuestra prosperidad y salvado a nuestro país en todos los aspectos". Los historiadores señalan que Trump tiene un conocimiento agudo de la historia de su propio país. Nunca ha leído un libro sobre Abraham Lincoln, según le contó al historiador Douglas Brinkley en Mar-a-Lago. En 2019, afirmó con seguridad que el ejército continental había tomado aeropuertos durante la Guerra de Independencia, un siglo antes de la invención del vuelo humano.

Johann Neem, de la Universidad Western Washington, lo expresó con precisión: si Trump estuviera siquiera algo enterado de historia, sabría que "la Revolución norteamericana fue una rebelión contra la tiranía y el poder arbitrario, que es lo que él intenta ejercer". La celebración de este 250 aniversario expone no solo la erosión de los principios democráticos estadounidenses, sino también la caída de la influencia y reputación de la potencia en el mundo. Lo más penoso, como ha señalado la prensa, es que el rey Jorge III aplaudiría reconfortado este desenlace dos siglos y medio después de su derrota.

La Revolución norteamericana fue una rebelión contra la tiranía y el poder arbitrario, que es lo que él intenta ejercer
— Johann Neem, historiador de la Universidad Western Washington
Me sorprendió, porque cuando se habla con políticos, hasta se inventan libros. Pretenden leer mucho. Él simplemente se encogió de hombros y me dijo que era una persona visual
— Douglas Brinkley, historiador, sobre Trump y su falta de lectura histórica
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué importa tanto esta comparación entre Trump y Jorge III? ¿No es solo retórica política?

Model

Porque no es retórica. Los historiadores están señalando que Trump está replicando literalmente los mecanismos de poder que la Revolución fue diseñada para prevenir: impuestos sin consentimiento legislativo, justicia subordinada al ejecutivo, desprecio a la prensa, detenciones sin debido proceso.

Inventor

Pero Trump dice que está recuperando la soberanía estadounidense. ¿Eso no tiene algún peso?

Model

El problema es que la soberanía que los Padres Fundadores imaginaban era la del pueblo, no la del presidente. Diseñaron tres poderes independientes precisamente porque desconfiaban del poder concentrado. Trump defiende lo opuesto: el Ejecutivo Unitario, que es poder concentrado.

Inventor

¿Qué tan consciente es Trump de estas contradicciones históricas?

Model

Aparentemente, muy poco. Nunca ha leído un libro sobre Lincoln. En 2019 afirmó que el ejército continental había tomado aeropuertos. Los historiadores dicen que su ignorancia de la historia es genuina, no estratégica.

Inventor

Entonces, ¿esta celebración del 250 aniversario es simplemente incómoda?

Model

Es más que incómoda. Expone lo que se ha perdido. Los fundadores creían que la prensa libre era vital. Trump la llama enemigos del pueblo. Creían en la igualdad de los hombres. Trump restaura monumentos confederados. Es una inversión completa de los valores que se supone que se celebran.

Inventor

¿Qué dicen los historiadores que significa esto para el futuro?

Model

Que la influencia y reputación estadounidense están cayendo precisamente en el momento en que debería estar celebrando sus logros. Y que hay una lección incómoda: que los principios democráticos no son automáticos. Pueden erosionarse cuando alguien con poder decide que no le gustan las limitaciones.

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