En un tiempo en que la cultura lucha por mantener su lugar en la jerarquía de lo que importa, la escritora vasca Eider Rodríguez se sienta a conversar sobre su nueva novela y sobre lo que ve cada día en las aulas: estudiantes que llegan cansados, desengañados, incapaces de cruzar el umbral que la literatura infantil les tiende. Su testimonio no es una queja, sino una pregunta antigua reformulada para el presente: ¿puede un libro seguir cambiando a alguien, como Duras, Camus y Cortázar la cambiaron a ella?