Trump veta por primera vez la exportación de IA de Anthropic y marca el inicio de la guerra fría digital

Una decisión histórica, ejecutada sin explicación y a última hora de un viernes.
El veto de Trump a Mythos llegó sin detalles sobre las preocupaciones de seguridad que lo motivaban.

Trump veta acceso a Mythos, una IA capaz de encontrar brechas de seguridad que especialistas humanos pasan por alto, por riesgo a infraestructuras críticas. La decisión revierte meses de presión de Silicon Valley contra regulación, mostrando conflicto entre seguridad nacional y libertad empresarial en carrera tecnológica con China.

  • Trump veta por primera vez la exportación de un modelo de IA (Mythos de Anthropic) y su uso por extranjeros
  • Mythos puede identificar vulnerabilidades en sistemas informáticos que especialistas humanos no detectan
  • La orden llegó a las 17:21 del viernes sin explicación detallada sobre las preocupaciones de seguridad
  • Trump revirtió su posición inicial tras llamadas de Zuckerberg y Andreessen el 21 de mayo
  • Anthropic niega que Fable 5 haya sido hackeado, como alegó la Casa Blanca

Estados Unidos prohíbe por primera vez la exportación de un modelo de IA (Mythos de Anthropic) y su uso por extranjeros, marcando el inicio de una guerra fría digital tras tensiones entre seguridad nacional y desregulación tecnológica.

A las cinco y veintiuna de la tarde de un viernes, sin explicación detallada y sin aviso previo, la Casa Blanca ordenó a Anthropic que cortara todo acceso a Fable 5, su versión controlada del modelo de inteligencia artificial Mythos. La orden llegó al final de la jornada laboral, cuando los periodistas estaban cerrando sus computadoras y los funcionarios abandonaban sus escritorios. Fue un acto de poder ejecutado en la penumbra administrativa, y marcó un punto de quiebre en la relación entre Donald Trump y Silicon Valley sobre el futuro de la tecnología estadounidense.

Mythos no es un modelo cualquiera. Anunciado en abril por Anthropic, una startup fundada por antiguos empleados de OpenAI preocupados por la seguridad en el desarrollo de inteligencia artificial, posee una capacidad que ha puesto en alerta a gobiernos y bancos de todo el mundo: puede identificar vulnerabilidades en sistemas informáticos que los mejores especialistas humanos no logran detectar. Si cayera en manos equivocadas, podría usarse para atacar infraestructuras críticas, administraciones públicas o instituciones financieras. Anthropic decidió no lanzarlo al público en general. En su lugar, ofreció acceso limitado a grandes empresas tecnológicas, bancos y gobiernos para que probaran sus propios sistemas de defensa. Fue un intento de control de daños. No funcionó.

La decisión de Trump de vetar la exportación de Mythos y su uso por extranjeros es histórica por una razón simple: es la primera vez que la Casa Blanca bloquea un modelo de inteligencia artificial que ya estaba siendo utilizado por millones de personas en todo el mundo. Hasta ahora, la política estadounidense de control tecnológico se había enfocado en cuellos de botella físicos: chips avanzados, máquinas para fabricarlos, programas especializados. Todo dirigido principalmente a contener a China. Este veto representa un salto cualitativo. Es el inicio de lo que algunos analistas llaman una guerra fría digital, donde el arma no es un objeto que se puede tocar sino el conocimiento mismo.

Pero la historia de cómo llegamos aquí es más complicada y más reveladora. Cuando Trump regresó a la Casa Blanca en enero, llegó con una alianza forjada en Silicon Valley. Elon Musk y David Sacks, dos miembros de la llamada PayPal mafia, fueron designados como "empleados especiales del Gobierno" con responsabilidades vagas pero poder real. Musk encabezaría el Departamento de Eficiencia Gubernamental. Sacks sería el "zar de la inteligencia artificial y las criptomonedas". Ambos tenían una misión clara: frenar cualquier regulación de la inteligencia artificial. Sacks repetía constantemente que la carrera de la IA era más importante que la carrera espacial, que determinaría quién reconfiguró la economía global en el siglo XXI. Trump, en su toma de posesión, había hablado de la IA como un "bebé hermoso" que acababa de nacer y que no podía detenerse con "reglas tontas y estúpidas". Una de sus primeras acciones fue derogar todas las medidas de seguridad para sistemas de inteligencia artificial que la administración Biden había implementado.

Pero Musk y Sacks no permanecieron en Washington mucho tiempo. Los cargos de empleado especial tienen límites legales. Cuando se fueron, el panorama político comenzó a cambiar. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y la jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, tomaron la iniciativa. Usaron a Mythos como palanca. Directores de bancos como JP Morgan habían expresado a Trump sus preocupaciones desde abril: ¿qué pasaría si Mythos se filtraba? ¿Qué pasaría si el próximo modelo de este tipo salía sin período de pruebas controladas? Bessent y Wiles argumentaron que la inacción del Gobierno lo haría parecer cómplice si ocurría un ciberataque masivo potenciado con inteligencia artificial. Trump se convenció. Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, anunció que estaban estudiando un proceso similar al de la FDA para medicamentos: cada nuevo modelo de IA tendría que ser revisado por el Gobierno al menos noventa días antes de su lanzamiento público.

La reacción en Silicon Valley fue de pánico. Una aprobación gubernamental previa para cada modelo era exactamente lo que Sacks y los inversores de capital riesgo querían evitar. El jueves 21 de mayo, Trump iba a firmar la orden ejecutiva con esos noventa días de moratoria. Había directores ejecutivos tecnológicos invitados a la Casa Blanca para la fotografía oficial. Pero esa mañana, Trump dudó. Llamó a Mark Zuckerberg, CEO de Meta, y a Marc Andreessen, socio fundador de uno de los principales fondos de capital riesgo. Esas conversaciones lo convencieron de reconsiderar. "Como no me gustaron ciertos aspectos, lo he pospuesto", explicó a los medios. "Creo que se interpone en el camino de... ya saben, estamos liderando a China, estamos liderando a todos. Y no quiero hacer nada que se interponga".

Trump terminó firmando una orden ejecutiva sobre seguridad en inteligencia artificial el 2 de junio, pero fue una victoria en falso para los reguladores. Los noventa días obligatorios se convirtieron en treinta días voluntarios. El texto fue redactado de manera que permitía a las empresas simplemente avisar al Gobierno con la suficiente antelación, no un control estricto. La orden incluso incluía un párrafo que especificaba que la Casa Blanca no podía intentar controlar cada modelo que saliera al mercado. Parecía que Silicon Valley había ganado de nuevo.

Diez días después, Trump volvió a cambiar de dirección. Anthropic había publicado Fable 5, una versión de Mythos con capacidades reducidas para que no representara una amenaza para los sistemas informáticos. La Casa Blanca sospechaba que había sido hackeado, que alguien había encontrado una forma de eludir sus restricciones de seguridad. Anthropic negó haber encontrado esas vulnerabilidades tras revisar sus sistemas. Pero la orden ya estaba dada. Sin explicación detallada. Sin contexto. A última hora de un viernes. Una decisión histórica ejecutada en la penumbra, dejando a una de las empresas más importantes de inteligencia artificial del país sin saber exactamente por qué su tecnología había sido vetada ni cuándo podría restaurarse el acceso.

Como no me gustaron ciertos aspectos, lo he pospuesto. Creo que se interpone en el camino de... ya saben, estamos liderando a China, estamos liderando a todos. Y no quiero hacer nada que se interponga.
— Donald Trump, explicando por qué no firmó la orden ejecutiva con medidas de seguridad el 21 de mayo
Creemos que esto es un malentendido y estamos trabajando para restaurar el acceso lo antes posible.
— Anthropic, respondiendo al veto de Mythos sin explicación detallada
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Trump cambió de opinión tan radicalmente en solo diez días?

Model

Porque la política de tecnología en Washington no se decide solo en despachos. Se decide en llamadas telefónicas entre el presidente y los magnates de Silicon Valley. Cuando Zuckerberg y Andreessen llamaron, Trump escuchó. Cuando los bancos expresaron sus preocupaciones sobre Mythos, Trump escuchó también. El problema es que estos actores tienen intereses contradictorios.

Inventor

Pero ¿no es lógico que un gobierno quiera revisar tecnología que podría usarse para atacar infraestructuras críticas?

Model

Completamente lógico. Y eso es lo que hace esta historia tan reveladora. Trump llegó a la Casa Blanca diciendo que la IA era un bebé hermoso que no podía regularse. Pero cuando los bancos le explicaron que ese bebé podría destruir sus sistemas, cambió de idea. El problema es que cambió sin un marco coherente. La orden final fue tan vaga que nadie sabe realmente qué está permitido y qué no.

Inventor

¿Qué significa que sea la primera vez que se veta un modelo que ya estaba en uso?

Model

Significa que hemos cruzado una línea. Hasta ahora, el control tecnológico estadounidense se basaba en cosas físicas: chips, máquinas, programas. Cosas que podían controlarse en las fronteras. Ahora el Gobierno está diciendo que puede bloquear el conocimiento mismo, la capacidad intelectual codificada en software. Eso es más poderoso y más peligroso.

Inventor

¿Crees que habrá más vetos como este?

Model

Casi seguro. La orden a Anthropic fue ejecutada sin explicación, a última hora de un viernes. Eso sugiere que no hubo debate interno, que fue una decisión reactiva. Si el próximo modelo de IA causa preocupación similar, Trump probablemente actuará de la misma manera. Y cada vez que lo haga, la incertidumbre en Silicon Valley crecerá.

Inventor

¿Qué pierden las empresas de tecnología con esto?

Model

Pierden la capacidad de planificar. No saben qué criterios usa el Gobierno para decidir si un modelo es demasiado peligroso. No saben si sus inversiones en investigación serán bloqueadas en el último momento. Eso es paralizante para la innovación, aunque paradójicamente fue lo que Trump dijo que quería evitar.

Inventor

¿Y qué gana el Gobierno?

Model

Teóricamente, seguridad. Pero en la práctica, lo que ganó fue el poder de decir que está haciendo algo sin tener que explicar qué. Una orden sin contexto es una orden que no puede ser cuestionada públicamente. Eso es lo más preocupante de todo.

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