En un movimiento que reordena décadas de compromisos geopolíticos, la administración Trump ha decidido desviar 45 millones de euros en ayuda militar —antes destinados a Europa y Oriente Medio— hacia Ecuador, Colombia, Perú y Panamá. Este giro no es un recorte del poder militar estadounidense, sino una reconfiguración de dónde ese poder echa raíces. En el fondo, la decisión plantea una pregunta antigua sobre los imperios y sus hemisferios: ¿qué significa proteger lo propio cuando lo propio se redefine?