En el otoño de 2026, los organismos de supervisión del Pentágono han puesto en evidencia una verdad incómoda que los conflictos prolongados suelen revelar tarde o temprano: que las reservas de poder militar no son infinitas. La guerra sostenida contra Irán ha consumido cerca de 29.000 millones de euros y ha dejado déficits estratégicos en los inventarios de municiones estadounidenses, abriendo una brecha entre la confianza pública que proyecta el mando operativo y las advertencias más sobrias que emanan de quienes tienen la tarea de mirar más allá del horizonte inmediato.