Desde las estepas patagónicas hasta los centros de poder en Washington y Beijing, una cooperativa de telecomunicaciones en Neuquén se convierte en símbolo de una era: la de una potencia que ya no puede ganar en el mercado y recurre a la presión política para preservar lo que queda de su influencia. La disputa por la tecnología de Huawei en América Latina no es un episodio menor, sino un reflejo del desplazamiento tectónico del poder mundial hacia un orden multipolar donde ninguna nación dicta las reglas con la autoridad de antaño. Lo que está en juego no es solo quién provee las antenas, sino