A principios de 2026, entre silencios diplomáticos y crisis energéticas, Estados Unidos y Cuba habrían explorado un camino inédito: petróleo e inversiones a cambio de la salida de Díaz-Canel. El acuerdo, negociado en las sombras según reportes del Miami Herald, nunca llegó a materializarse, dejando a la isla sin alivio y a ambas naciones en la misma distancia de siempre. Es el viejo dilema de la diplomacia: cuánto vale un cambio de poder, y quién está dispuesto a pagarlo.