En las aguas del Estrecho de Ormuz, por donde fluye una tercera parte del petróleo que mueve al mundo, Estados Unidos e Irán han cruzado una línea que durante décadas se mantuvo sin traspasar: el ataque militar directo y recíproco contra buques propios. Lo que comenzó con misiles iraníes sobre un portaaviones estadounidense se ha convertido en un ciclo de represalias que amenaza no solo la estabilidad regional, sino el pulso energético de la economía global. La historia registra este momento como aquel en que la confrontación entre Washington y Teherán abandonó el lenguaje de las sanciones par