Durante casi medio siglo, el cielo se ha vuelto más turbulento, y con él, más costoso el acto de surcar el aire. Investigadores de la Universidad de Colorado Boulder han propuesto una respuesta que no busca cambiar la forma de los aviones, sino la naturaleza misma de su piel: materiales con subsuperficies fonónicas capaces de dialogar con el flujo de aire mediante vibraciones microscópicas, reduciendo la resistencia aerodinámica sin motores ni mecanismos adicionales. Es un giro conceptual que desplaza el problema del diseño geométrico hacia el comportamiento dinámico de la materia, abriendo un