En las aguas del mar Rojo, donde se cruzan el petróleo, la historia y la geopolítica, Estados Unidos ha elegido el silencio sobre la acción. Mientras los hutíes yemeníes intensifican sus ataques contra Arabia Saudí, Washington se niega a profundizar su compromiso militar, marcando una ruptura con décadas de alianza estratégica que definió el orden de Oriente Medio. Este distanciamiento no es solo una decisión táctica: es el reflejo de un imperio que recalibra sus prioridades ante un mundo que le exige demasiado en demasiados frentes.