En el cruce entre la necesidad y la soberanía, Washington habría tendido a La Habana una oferta que mezcla petróleo, capital y una condición sin precedentes: la salida de Díaz-Canel del poder y la privatización de la industria energética cubana. La propuesta emerge en un momento en que Cuba, privada del sostén venezolano y amenazada por aranceles estadounidenses, enfrenta una de sus crisis energéticas más profundas. La respuesta de Díaz-Canel, evocando el viejo lenguaje anticolonial, recuerda que hay umbrales que ninguna presión económica ha logrado cruzar en más de seis décadas de revolución.