Desde la escritura de guiones, Eduard Sola señala una ausencia que la cultura occidental ha normalizado durante décadas: la sexualidad de las madres ha sido borrada de las pantallas y, con ello, de la imaginación colectiva. Su reflexión no es un escándalo, sino una invitación a reconocer que la maternidad no cancela la humanidad completa de una mujer. En el fondo, lo que propone es un acto de restitución: devolver a las madres lo que la narrativa cultural les quitó sin pedirles permiso.