Galán critica duramente a los influencers como artificio puro, comparando creer en su glamur con considerar McDonald's alta cocina, y denuncia que los algoritmos han matado el verdadero glamur. El escritor señala que los famosos sufren por la tensión entre querer privacidad y necesitar visibilidad, y advierte sobre padres que explotan a sus hijos en redes sin comprender la industria de la fama.