En el estadio de Riazor, el Deportivo de La Coruña encontró en Zakaria Eddahchouri al hombre que resolvió lo que el juego colectivo no pudo: un gol escueto pero suficiente para doblegar al Eibar por la mínima. En el fútbol, como en tantas empresas humanas, la eficacia silenciosa a veces vale más que la brillantez estéril. Tres puntos que no deslumbran pero que acercan al equipo coruñés a la cima de una clasificación donde cada jornada pesa como una piedra en la mochila.
Eddahchouri salva al Deportivo ante un pobre Eibar en Riazor
Ganó sin convencer, pero los tres puntos cuentan igual
¿Cómo se gana un partido así, sin que el equipo juegue bien?
Porque a veces ganar no es lo mismo que jugar bien. El Deportivo tuvo un día gris, pero Eddahchouri estuvo donde tenía que estar cuando importaba.
¿Qué pasó con el resto del ataque?
Mario Soriano fue quien creó el gol, pero después de eso el equipo se apagó. No hubo más ocasiones claras. Fue un partido de poco fútbol.
¿Y la defensa? Parece que el Eibar les dio problemas.
Sí, especialmente Adu Ares con su movilidad. Escudero sufrió bastante. Pero Noubi y Loureiro mantuvieron la línea firme cuando más falta hacía.
¿Qué significa esto para la carrera por el ascenso?
Tres puntos que acercan al Deportivo a los equipos de arriba. No es una victoria que te haga soñar, pero es una victoria que cuenta.
¿Hidalgo debe estar satisfecho?
Satisfecho de los puntos, no del juego. Ganaste sin convencer, y eso es un arma de doble filo. Te acercas, pero sabes que necesitas más.
¿Qué faltó?
Ritmo, claridad en el pase, ideas en ataque. Fue un partido donde ambos equipos se anularon mutuamente. El que metió el gol primero ganó.
The Pulse
- El partido nunca encontró su pulso: dos equipos se neutralizaron durante casi todo el encuentro sin generar fútbol de calidad ni emociones claras.
- El Deportivo sufrió en defensa ante la movilidad del Eibar, y la falta de concentración de Yeremay —que vio la amarilla tras provocación— añadió tensión innecesaria al tramo final.
- Fue una jugada individual de Mario Soriano la chispa que rompió el empate, asistiendo a Eddahchouri para que el delantero resolviera con la única oportunidad clara que tuvo.
- Los cambios no aportaron lo esperado: Mulattieri y Charlie Patiño no lograron sentenciar, y este último desperdició dos ocasiones que habrían cerrado el partido antes.
- Con la victoria, el Deportivo escala posiciones en la lucha por el ascenso, demostrando que la solidez defensiva y la determinación pueden suplir la falta de inspiración colectiva.
En el estadio de Riazor, el Deportivo de La Coruña encontró en Zakaria Eddahchouri al hombre que resolvió lo que el juego colectivo no pudo: un gol escueto pero suficiente para doblegar al Eibar por la mínima. En el fútbol, como en tantas empresas humanas, la eficacia silenciosa a veces vale más que la brillantez estéril. Tres puntos que no deslumbran pero que acercan al equipo coruñés a la cima de una clasificación donde cada jornada pesa como una piedra en la mochila.
Zakaria Eddahchouri fue el único capaz de hacer lo que el partido pedía a gritos: marcar. En un Riazor que esperaba más de los suyos, el delantero aprovechó una jugada individual de Mario Soriano para anotar el único tanto del encuentro y regalarle al Deportivo tres puntos que valen oro en la carrera por el ascenso.
Antonio Hidalgo vio a su equipo competir sin brillar. Hubo momentos de apuro defensivo ante la movilidad del Eibar, pero también hubo solidez: Loureiro fue contundente en la zaga, Lucas Noubi se impuso en el juego aéreo y Altimira realizó el trabajo invisible que no aparece en las estadísticas pero que sostiene los resultados. Álvaro Ferllo apenas fue exigido, aunque una buena parada temprana evitó un susto inicial.
En el mediocampo, Riki intentó dar criterio al juego, aunque demasiados balones le pasaron por encima. Soriano fue la chispa ofensiva, decisivo en el gol pero agotado con el paso de los minutos. Yeremay, en cambio, cayó en la provocación y vio una amarilla que pudo costarle cara al equipo. Mella, como de costumbre, compensó con esfuerzo lo que el colectivo no daba.
Los cambios no terminaron de funcionar. Charlie Patiño tuvo dos ocasiones claras para sentenciar y las desperdició, dejando el marcador en el alambre hasta el final. José Ángel, sin embargo, realizó un corte providencial que evitó males mayores en los últimos compases.
No fue bonito, no fue convincente, pero fue suficiente. En una lucha por el ascenso donde cada punto tiene el mismo valor independientemente de cómo se consiga, el Deportivo sigue escalando posiciones. Las próximas jornadas revelarán si este equipo puede sostener la tendencia o si necesita encontrar algo más en su juego.
Zakaria Eddahchouri hizo lo que nadie más pudo hacer en Riazor: meter el balón en la red. En un partido que nunca despegó, donde el Deportivo y el Eibar se enzarzaron en una batalla sin brillo ni ideas claras, fue el delantero quien resolvió el encuentro con un gol que llegó tras una jugada individual de Mario Soriano. No fue suficiente para que el equipo coruñés luciera, pero los tres puntos que se llevó del campo son exactamente lo que necesitaba en su carrera hacia el ascenso.
Antonio Hidalgo vio a sus pupilos competir sin brillar. El Deportivo no tuvo su tarde, eso quedó claro desde el primer silbato. Hubo momentos en los que el equipo se vio superado por la movilidad del Eibar, instantes en los que la defensa tuvo que trabajar más de lo deseable. Pero también hubo solidez, ese tipo de solidez que no gana partidos bonitos pero que gana partidos. Loureiro sostuvo desde atrás con contundencia, sin concesiones. Lucas Noubi se impuso en el juego aéreo y ejecutó una acción defensiva que pudo haber sido decisiva. Altimira fue incansable, competente, haciendo el trabajo sucio que nadie ve en las estadísticas.
Eddahchouri fue el mejor en un campo donde nadie brilló demasiado. Pasó el partido peleando con Jair Amador, buscando espacios, intentando ser útil incluso cuando el balón no llegaba con claridad. No tuvo muchas oportunidades de remate, pero la que tuvo la metió. Eso es lo que se pide a un ariete cuando el equipo no funciona como debería: que esté ahí cuando importa.
En el medio, Riki hizo jugar al equipo con criterio, aunque demasiados balones pasaron por encima de su cabeza. Mario Soriano fue decisivo en lo individual, la chispa que encendió el gol, aunque se vio agotado conforme avanzó el encuentro. Yeremay cayó en la provocación después de haber forzado ya una amarilla, un error de concentración que el equipo no podía permitirse. Mella, como viene siendo habitual, fue sacrificado a tareas defensivas, su trabajo y sus ganas compensando lo que otros no daban.
Álvaro Ferllo apenas tuvo trabajo en la portería, aunque sí tuvo que hacer una buena parada en el inicio para evitar que el Eibar sorprendiera. Escudero fue sobrepasado por la movilidad de Adu Ares y el ritmo del Eibar, terminando con una amarilla que le dejó al borde de la expulsión. Villares se perdió en los primeros minutos, con Riki y Mario asumiendo el balón mientras él buscaba su lugar en el campo.
Los cambios no aportaron lo que se esperaba. Ximo Navarro fue competitivo en el lateral izquierdo, pero Mulattieri y Charlie Patiño poco pudieron hacer en un contexto complicado. Patiño, de hecho, falló dos ocasiones claras que hubieran podido sentenciar el partido. José Ángel dejó un corte providencial a Mada que evitó males mayores.
Lo importante es que el Deportivo ganó. No fue bonito, no fue convincente, pero fue efectivo. En una carrera por el ascenso donde cada punto cuenta, una victoria sin brillo vale exactamente lo mismo que una goleada. Los coruñeses se acercan a los equipos de arriba, y eso es lo que importa ahora. Las próximas jornadas dirán si este equipo puede mantener esta tendencia o si necesita encontrar algo más de calidad en su juego.
Notable Quotes
Eddahchouri puso la entrega y la pelea en un partido muy pobre, metiendo el gol que tuvo tras una gran jugada individual— Análisis del encuentro