En la noche del 27 de agosto de 2026, la Tierra se interpondrá entre el Sol y la Luna con una precisión que cubrirá el 96% del satélite, tiñéndolo de rojo ante los ojos de millones de colombianos. No es la Luna la que cambia, sino la luz del Sol filtrada por la atmósfera terrestre la que pinta ese color antiguo y evocador que las culturas han llamado, con razón poética, Luna de sangre. Colombia ocupa una posición privilegiada para presenciar este recordatorio de que el cosmos, de vez en cuando, ofrece sus maravillas sin cobrar entrada ni exigir preparación especial.