En la frontera entre el 27 y el 28 de agosto de 2026, la Tierra se interpone casi por completo entre el Sol y la Luna, cubriendo el 96,2% de su superficie con su propia sombra y tiñéndola de rojo cobrizo durante casi seis horas. Este eclipse lunar parcial profundo —visible en su totalidad desde América del Norte y del Sur— recuerda que los grandes espectáculos del cosmos no requieren telescopios ni conocimientos especializados, solo la disposición de alzar la mirada en el momento preciso. Es el último regalo astronómico del año, y ya anuncia lo que viene: un 2027 cargado de eclipses, coronado