En la noche del 27 de agosto, México se convierte en testigo de uno de esos momentos en que el cosmos recuerda su presencia: un eclipse lunar parcial de gran profundidad cubrirá el 96,2% de la Luna visible, tiñéndola de tonos rojizos y cobrizos gracias a la atmósfera terrestre que filtra y curva la luz solar. Sin necesidad de instrumentos especiales, millones de personas podrán alzar la vista hacia el este-sureste y contemplar cómo la sombra de la Tierra avanza lentamente sobre su satélite, alcanzando su punto máximo alrededor de las 22:12 horas. Es un fenómeno que, aunque tiene nombre técnico