Esta noche, la Tierra se colocará entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre el satélite que ha guiado a la humanidad desde sus primeros pasos. Bogotá tendrá un asiento privilegiado para contemplar este antiguo diálogo de cuerpos celestes, un fenómeno que no requiere más instrumento que la mirada atenta y la disposición de alzar los ojos al cielo. En la intersección entre la mecánica orbital y el asombro humano, el eclipse lunar recuerda que somos habitantes de un sistema en perpetuo movimiento.