A los 89 años, Dustin Hoffman entrega sus memorias como quien finalmente se permite decir en voz alta lo que tardó décadas en comprender: que el éxito y la felicidad no son la misma travesía, y que llegar lejos en una no garantiza nada en la otra. El actor que demostró que la vulnerabilidad podía ser magnética en pantalla se enfrenta ahora a la pregunta más difícil de su vida, formulada desde la soledad que acompaña a sobrevivir a casi todos los que uno amó.