En las primeras horas del jueves, un dron alcanzó la torre de refrigeración de la central nuclear de Kursk, a noventa kilómetros de la frontera ucraniana, recordándonos que la guerra moderna no distingue entre objetivos militares y las estructuras que sostienen la seguridad de millones de personas. El reactor siguió funcionando sin alteraciones, pero el incidente reaviva una pregunta que la humanidad no puede permitirse ignorar: ¿hasta dónde puede extenderse un conflicto antes de rozar lo irreversible? El OIEA, voz de la comunidad internacional en materia nuclear, volvió a pedir contención, co