Douglas Stuart, el escritor escocés que transformó la pobreza de su infancia en Glasgow en literatura universal, reflexiona sobre las heridas que no cicatrizan: las de la escasez, las de la soledad queer y las de un país —Estados Unidos— que siente cada vez más ajeno. Su voz, templada por el éxito pero nunca separada de sus orígenes, nos recuerda que los grandes logros personales no borran las marcas que deja la adversidad, y que el odio sembrado en una sociedad tarda generaciones en extirparse.