En un rincón de Suiza, dos hermanos convirtieron veinte metros cuadrados de jardín en una aldea griega en miniatura, invirtiendo 12.000 euros y más de un año de trabajo. Lo que podría parecer una excentricidad es, en realidad, una reflexión sobre el deseo humano de habitar otros mundos sin abandonar el propio. Michael y Samuel Scherrer nos recuerdan que la imaginación, cuando se combina con perseverancia, puede redefinir los límites de lo cotidiano.