En el cruce de dos burbujas —la euforia tecnológica de la inteligencia artificial y la deuda soberana estadounidense acumulada durante décadas de privilegio monetario— el mundo se asoma a un umbral que pocas generaciones han tenido que contemplar: el posible fin de un orden financiero construido tras la Segunda Guerra Mundial. El dólar, que durante ochenta años funcionó como piedra angular de la estabilidad global, comienza a ser percibido por inversores internacionales no como refugio, sino como fuente de riesgo sistémico. La historia no se repite, pero sus patrones resuenan con ecos del año