Dos aves brasileñas superan los 120 decibelios: el misterio detrás del canto más potente

Conocemos los mecanismos, pero aún no hemos descubierto los motivos
Menezes reconoce que el estudio identificó cómo las aves producen cantos extremos, pero no por qué la evolución favoreció esa capacidad.
Mark

¿Por qué importa saber exactamente cuán ruidosas son estas aves? Parece un dato curioso, pero ¿hay algo más detrás?

Mimi

La pregunta real no es solo el volumen. Es por qué la evolución favoreció que algunos pájaros desarrollaran esa capacidad extrema. Eso nos dice algo sobre cómo los animales resuelven problemas en sus ambientes.

Luke

Pero el estudio no respondió esa pregunta, ¿verdad? Dijeron que las hipótesis no se confirmaron.

Mimi

Exacto. Encontraron el mecanismo—cuerpos grandes, picos anchos—pero no la función. Eso es honesto. Significa que necesitan más datos.

Mark

¿Cómo midieron el volumen en el bosque sin capturar a los pájaros?

Mimi

Usaron telémetros láser para medir la distancia exacta entre el ave y el micrófono, y sonómetros portátiles de alta resolución. Fue ingenioso: herramientas de golf y seguridad laboral aplicadas a la ornitología.

Luke

¿Y eso es confiable? El sonido cambia con el viento, la vegetación, la posición del pájaro.

Mimi

Claro que cambia. Por eso midieron en condiciones naturales, no en laboratorio. Aceptaron esa variabilidad como parte del dato.

Mark

¿Entonces el pájaro campana y la chuña patas rojas son definitivamente los más ruidosos?

Luke

Bueno, entre las 123 especies que midieron. Pero 113 de esas especies no tenían registros previos. Es posible que haya otras aves que no estudiaron.

Mimi

Verdad. El estudio abre más preguntas de las que cierra. Pero eso es lo que hace que valga la pena leerlo.

Mark

¿Qué viene ahora?

Mimi

Más mediciones de campo. Podos y Menezes quieren vincular el volumen con el hábitat, el comportamiento y la historia evolutiva. Es trabajo de años.

  • Pájaro campana y chuña patas rojas superan 120 decibelios en bosques brasileños
  • Estudio midió 123 especies; 113 sin registros previos de intensidad vocal
  • Anatomía: cuerpos grandes, músculos robustos y picos anchos favorecen volumen extremo
  • Investigadores usaron telémetros láser y sonómetros portátiles para medir en campo

El pájaro campana y la chuña patas rojas emiten cantos que superan el ruido de una motosierra, alcanzando más de 120 decibelios en los bosques brasileños. Los investigadores encontraron que cuerpos grandes, músculos robustos y picos anchos favorecen vocalizaciones más potentes, pero aún desconocen por qué la evolución favoreció estas capacidades.

Investigadores identificaron al pájaro campana y la chuña patas rojas como las aves más ruidosas del mundo, superando 120 decibelios. El estudio analiza cómo la anatomía determina la potencia vocal en 123 especies.

En los bosques densos de Brasil, hay pájaros cuyo canto supera el estruendo de una motosierra. Investigadores de la Universidad de Massachusetts Amherst y un biólogo brasileño acaban de documentar que el pájaro campana y la chuña patas rojas emiten vocalizaciones que alcanzan más de 120 decibelios, posicionándolos en la cúspide acústica del reino animal. El descubrimiento no es simplemente un récord de volumen. Un estudio publicado en la revista Evolution reunió mediciones de 123 especies de aves y buscó responder una pregunta más profunda: qué características físicas permiten que un animal produzca un sonido tan intenso, y qué ventaja evolutiva justifica esa capacidad extrema.

La brecha entre el ave más silenciosa y la más ruidosa es dramática. En la muestra analizada, un colibrí registró 64 decibelios, una intensidad comparable a una conversación normal. El pájaro campana y la chuña patas rojas, en cambio, superaron los 120 decibelios en sus picos. Esa diferencia de 58 decibelios refleja la diversidad de estrategias acústicas que han evolucionado entre las aves. El pájaro campana, habitante de la Mata Atlántica brasileña, emite un sonido breve, metálico y penetrante. La chuña patas rojas, propia de zonas abiertas de América del Sur, produce una vocalización más prolongada, reconocible por sus secuencias de notas. A pesar de sus repertorios completamente distintos, ambas alcanzan intensidades excepcionales.

Lo notable del trabajo es que reunió una base de datos de campo que antes era muy limitada. De las 123 especies medidas, 113 no contaban con registros previos de la intensidad de sus cantos. Lograr esas mediciones requirió resolver un problema técnico fundamental: la intensidad de un sonido cambia con la distancia. Un llamado puede resultar abrumador a pocos metros y apenas audible desde otro punto del bosque. Durante años, los ornitólogos capturaban ejemplares y los trasladaban a laboratorios para medir sus vocalizaciones en condiciones controladas, pero ese método es poco práctico para comparar muchas especies y puede alterar el comportamiento natural del animal. Los investigadores Jeff Podos y João CT Menezes recurrieron a herramientas desarrolladas fuera de la ornitología: telémetros láser comercializados para golfistas, que permitían calcular distancias con precisión, y sonómetros portátiles de alta resolución empleados en seguridad laboral. La combinación les permitió estimar la amplitud de las vocalizaciones sin apartar a las aves de su ambiente natural.

Las mediciones se realizaron en los alrededores de Amherst, en Estados Unidos, y en distintos puntos de Brasil, donde los investigadores registraron aves en condiciones naturales, donde la orientación del cuerpo, la vegetación, el viento y la distancia modifican la forma en que el sonido llega al observador. Menezes explicó que determinar la intensidad del canto debería ser sencillo en un laboratorio, pero hasta hace muy poco ha sido muy difícil hacerlo en el campo, donde hay muy pocos datos disponibles.

Los resultados confirmaron una hipótesis central: existe una relación clara entre el volumen y la anatomía. Las especies más sonoras suelen tener cuerpos de mayor tamaño, músculos capaces de comprimir más aire y picos anchos, una combinación que favorece la emisión de vocalizaciones de gran potencia. Un ave de mayor porte dispone de músculos respiratorios más robustos y de una estructura corporal capaz de impulsar una mayor cantidad de aire comprimido a través del sistema vocal. El ancho del pico también aparece como un factor relevante; los investigadores lo comparan con la campana de instrumentos de viento como una trompeta, donde una abertura más amplia contribuye a proyectar mejor el sonido. En las especies de mayor volumen, esa característica anatómica se repitió con frecuencia.

Pero la anatomía ofrece solo parte de la respuesta. El estudio no logró establecer por qué la evolución habría favorecido, en todos los casos, esa capacidad extrema. Los investigadores habían planteado varias posibilidades: que las aves menos aptas para vuelos prolongados compensaran esa limitación con llamadas que viajaran lejos, que en bosques densos los individuos pudieran oírse sin verse, o que una vocalización más potente alcanzara a potenciales parejas situadas a mayor distancia. Los resultados no respaldaron un patrón general para esas explicaciones. Algunas especies ruidosas viven en ambientes cerrados, otras en áreas abiertas; algunas presentan sistemas de reproducción que podrían beneficiarse de la difusión sonora y otras no encajan con esa idea. La potencia del canto parece responder a una trama más compleja que todavía requiere más observaciones.

Este trabajo se construye sobre un antecedente de 2019, cuando Podos participó en una investigación que identificó al campanero blanco como el ave con el canto más fuerte registrado hasta ese momento, un dato que fue reconocido después por el Libro Guinness de los Récords. Aquel hallazgo instaló una comparación fácil de entender: el llamado del campanero blanco podía ser más intenso que permanecer junto a una motosierra encendida. Sin embargo, el nuevo trabajo cambia la escala del debate. En vez de concentrarse en un único ejemplar o en una especie récord, pone el foco en un conjunto amplio de aves y en las reglas biológicas que ordenan sus diferencias. Menezes señaló que ahora conocen algunos de los mecanismos—cuerpos más grandes y picos más anchos—pero aún no han descubierto los motivos. Para los autores, harán falta registros de muchas más especies antes de poder vincular con mayor seguridad el volumen, el hábitat, el comportamiento y la historia evolutiva de cada linaje. El próximo paso vuelve a estar lejos del laboratorio: Podos anticipó su intención de continuar las mediciones de campo junto a Menezes, con el telémetro y el sonómetro como herramientas centrales.

Determinar la intensidad del canto de un pájaro debería ser bastante sencillo en el laboratorio, pero hasta hace muy poco ha sido muy difícil hacerlo en el campo, y hay muy pocos datos disponibles
— João CT Menezes, biólogo
Ahora conocemos algunos de los mecanismos: cuerpos más grandes y picos más anchos, pero aún no hemos descubierto los motivos
— João CT Menezes
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