En la Cuba de este otoño de 2026, el peso cubano continúa su silenciosa erosión frente al dólar y el euro en el mercado informal, donde las divisas alcanzan máximos de treinta días mientras el Banco Central sostiene tasas oficiales que la realidad cotidiana ha dejado atrás. La brecha entre lo que el Estado declara y lo que los ciudadanos pagan refleja una tensión más profunda: la de una economía que intenta contener con cifras oficiales una marea de desconfianza monetaria. Cada peso que pierde el cubano de a pie en este diferencial es un fragmento de poder adquisitivo que no regresa.
Dólar y euro cierran al alza en mercado informal cubano; brecha con tasa oficial se amplía
La depreciación del peso cubano reduce la capacidad adquisitiva de la población que depende de esta moneda para gastos cotidianos en un contexto de inflación sostenida y bajos salarios estatales.