En la Cuba del 13 de septiembre de 2026, el dólar y el euro continúan su ascenso silencioso en el mercado informal, cerrando en 694 y 791 pesos respectivamente, como si el tiempo mismo se cotizara en divisas que el Estado no puede contener. La brecha entre la tasa oficial y la realidad de la calle —39 pesos para el dólar, 31 para el euro— no es solo una cifra: es la distancia entre dos economías que coexisten sin reconciliarse. En un país donde el salario estatal rara vez alcanza y la inflación erosiona cada peso ganado, cada centavo que sube el dólar es una carga que recae sobre los hombros d