En la Cuba de septiembre de 2026, el mercado informal de divisas refleja, como un espejo imperfecto, las tensiones de una economía que vive entre dos realidades: la oficial y la que pulsa en los grupos de mensajería. El dólar se sostiene en 683 pesos cubanos y el euro avanza hasta 777, mientras el MLC retrocede, recordando que no todas las monedas pesan igual cuando la confianza escasea. La brecha de decenas de pesos entre las tasas del Banco Central y las del mercado paralelo no es solo un dato financiero, sino la medida cotidiana de una distancia que los ciudadanos cruzan cada vez que compra