Cada viernes, el sol peruano y el dólar se miden en un pulso silencioso que revela algo más que números: revelan el estado de ánimo de una economía. El 28 de agosto, el Banco Central de Reserva registró un cierre de 3,3580 soles por dólar, ligeramente por encima de la apertura, mientras que en las calles del jirón Ocoña —y en la memoria colectiva de quienes allí negociaron divisas por décadas— el mercado informal ofrecía su propia lectura de la presión sobre la moneda nacional. Detrás de cada cotización conviven la política monetaria, las expectativas ciudadanas y la vieja ley de la oferta y l