Doctor Peinado: «A los jóvenes con disfunción eréctil se les dice que es una tontería pero cada vez hay más»

Jóvenes hombres sufren aislamiento social y psicológico al no recibir diagnóstico médico adecuado para problemas de erección, llevándolos a evitar relaciones sexuales y encerrarse en sí mismos.
Son jóvenes que no consiguen erecciones y se cierran en sí mismos
Peinado describe cómo la falta de diagnóstico médico adecuado lleva al aislamiento social en hombres jóvenes con disfunción eréctil.
Mark

¿Por qué cree que los hombres jóvenes con problemas de erección no buscan ayuda médica?

Mimi

Porque se les dice que es psicológico, que es una tontería. Nadie les hace pruebas reales. Cuando finalmente las hacemos, descubrimos que muchos tienen problemas vasculares genuinos. Pero para entonces ya se han aislado, han dejado de intentarlo.

Mark

¿Qué papel juega la pornografía en esto?

Mimi

Es parte del problema, pero no es todo. La pornografía crea una disociación cerebral: los jóvenes se acostumbran a estímulos que la vida real no ofrece. Pero vivimos en una sociedad hipersexualizada donde las redes sociales amplifican la obsesión por el cuerpo perfecto.

Mark

¿Cuántos hombres que vienen a su consulta pidiendo alargamiento de pene realmente lo necesitan?

Mimi

Un porcentaje altísimo tiene penes completamente normales. Pero creen que no. La pornografía les ha hecho creer que pueden tener los penes de los actores. Tengo que ser muy claro: aquí no hay milagros.

Mark

¿Qué le preocupa más: los jóvenes o los hombres mayores?

Mimi

Los jóvenes me preocupan porque están perdiendo años de vida sexual por diagnósticos incorrectos. Pero los mayores sufren porque se les ha negado tratamientos que necesitaban por miedos infundados sobre el cáncer de próstata.

Mark

¿Hay esperanza en nuevos tratamientos?

Mimi

Sí. La investigación con células madre avanza. Y las prótesis de pene ya cambian vidas: les devuelven la capacidad de tener erecciones como quieren, con la dureza que quieren. Les dan una segunda vida sexual que no esperaban.

Mark

¿Qué es lo más importante que un hombre debe entender sobre su cuerpo?

Mimi

Que el organismo es sabio. No necesita que le digamos cuándo eyacular o cuándo desear. El equilibrio es muy personal e íntimo. Hay que dejar fluir más al cuerpo, que actúe como considere.

  • Cada vez más hombres menores de 30 años consultan por disfunción eréctil, pero la mayoría recibe un diagnóstico psicológico sin que nadie haya revisado sus arterias.
  • El aislamiento es la consecuencia más silenciosa: sin diagnóstico real, estos jóvenes dejan de intentar tener relaciones y se encierran en sí mismos.
  • La pornografía y las redes sociales han reconfigurado las expectativas del cuerpo masculino, disparando la demanda de procedimientos estéticos genitales sin base médica.
  • Mitos arraigados como el vínculo entre testosterona y cáncer de próstata han privado a miles de hombres de tratamientos que sí necesitaban.
  • El horizonte apunta a terapias con células madre y fármacos como Ozempic, que al reducir el peso mejoran también la función sexual.

En las consultas de urología de las grandes ciudades, algo silencioso está cambiando: hombres cada vez más jóvenes llegan con problemas de erección que el sistema médico suele despachar como ansiedad o imaginación. El urólogo François Peinado lleva décadas escuchando ese silencio y advierte que detrás de él hay arterias enfermas, cuerpos moldeados por la pornografía y una masculinidad atrapada entre el mito y la biología. La historia de la salud masculina es, en parte, la historia de lo que los hombres no se atreven a decir en voz alta.

François Peinado creció entre padres emigrantes en Francia y eligió la medicina por vocación propia. Hoy dirige Urología y Andrología en el Hospital Ruber Juan Bravo, y lo que más le pesa no es lo que no puede curar, sino lo que llega demasiado tarde. Los hombres, a diferencia de las mujeres, no tienen el hábito de visitar al médico con regularidad. Si el problema es sexual, la demora se multiplica: lo viven como algo íntimo, vergonzoso, innombrable.

Lo que más le sorprende en los últimos años es la edad de sus pacientes. Jóvenes menores de 30 años con disfunción eréctil real, no imaginada. Se les dice que es psicológico, que se les pasará. Pero cuando Peinado hace las pruebas, encuentra arterias que no irrigan bien el pene. No es ansiedad. Son cuerpos que fallan, y sus dueños, sin diagnóstico, dejan de intentarlo y se retiran del mundo afectivo.

Parte del problema tiene nombre: pornografía. El cerebro de estos jóvenes se ha acostumbrado a estímulos que la realidad no puede replicar. Pero el fenómeno es más amplio: vivimos en una cultura hipersexualizada donde el cuerpo masculino —y el pene en particular— se ha convertido en símbolo de valor. Las redes sociales y el sexo casual han intensificado la comparación. En consulta, Peinado mide, explica y desmitifica: la mayoría de sus pacientes tiene anatomía completamente normal. El alargamiento de pene, aclara sin rodeos, solo actúa en flacidez, no en erección.

Hay otras condiciones que pasan desapercibidas. La enfermedad de Peyronie —que curva el pene hasta hacerlo doloroso o impenetrable— afecta entre el 3% y el 9% de los hombres, pero casi nadie la conoce. El déficit de testosterona, confundido con simple envejecimiento, roba energía, masa muscular y ánimo a hombres que podrían tratarse. Durante años se les negó ese tratamiento por un miedo infundado al cáncer de próstata, basado en errores metodológicos que la ciencia ya ha corregido.

Peinado también habla de lo que sí protege la próstata: eyacular con frecuencia parece reducir el riesgo de cáncer entre un 20% y un 30%, según estudios de asociación. No es causalidad, matiza, pero el mecanismo tiene lógica: las eyaculaciones funcionan como un lavado que elimina elementos nocivos acumulados. Frente a movimientos que abogan por la abstinencia total, Peinado es directo: el organismo sabe cuándo desea. El equilibrio, dice, es profundamente personal.

François Peinado eligió la medicina desde joven, aunque sus padres emigrantes en Francia trabajaban en profesiones muy distintas. Ahora, como jefe de Urología y Andrología del Hospital Ruber Juan Bravo, ha pasado décadas tratando a hombres que sufren en silencio. Lo que más le duele es descubrir, con el tiempo, que no siempre puede arreglarlo todo. Algunos de sus pacientes se han convertido en amigos cercanos. A varios ha tenido que despedirlos en los últimos años, escuchando sus últimas palabras, sus miedos, lo que pensaban de la vida.

Los hombres todavía no acuden fácilmente a su consulta. Internet está cambiando esto lentamente, pero persiste una vergüenza profunda alrededor de la intimidad masculina. Las mujeres aprenden desde la adolescencia a visitar al ginecólogo; los hombres no tienen ese hábito. Por lo general, no van al médico hasta los 50 años, a menos que enfrenten un problema grave. Si ese problema es sexual, la demora se alarga años, porque lo viven como algo privado, algo de lo que no se habla.

La disfunción eréctil es uno de los grandes problemas que Peinado ve en sus pacientes. Todos los hombres, dice, están condenados a enfrentarla de una forma u otra con la edad. Pero hay algo que lo sorprende: cada vez hay más jóvenes menores de 30 años con problemas serios de erección. A estos chicos se les dice que es psicológico, que es una tontería, que se les pasará. Pero Peinado insiste en que hay que hacer pruebas reales. Cuando las hace, descubre que muchos tienen problemas vasculares genuinos: las arterias que riegan el pene no funcionan bien. No es psicología. Son jóvenes que no consiguen erecciones y que no pueden tener relaciones sexuales, así que dejan de intentarlo y se cierran en sí mismos.

Parte del problema viene de la pornografía. Los jóvenes se acostumbran a un tipo de estímulo que la vida real no ofrece. El cerebro se desconecta. No logran excitarse con lo que encuentran en la realidad. Pero hay algo más amplio en juego: vivimos en una sociedad hipersexualizada obsesionada con el cuerpo perfecto. Las redes sociales amplifican esto. El pene, para los hombres, siempre ha sido un símbolo de masculinidad. Las películas y la pornografía han hecho que tener un pene grande sea un ideal. Ahora, con las relaciones sexuales esporádicas y los cambios frecuentes de pareja, las mujeres pueden comparar mucho más. Para los hombres, creer que no tienen un pene grande se convierte en un problema grave.

En la consulta, Peinado comienza por medir la realidad. Un porcentaje altísimo de sus pacientes tiene penes completamente normales. Los estudios grandes muestran que en flacidez la longitud media es de unos 9 centímetros; en erección, alrededor de 13,5 centímetros. Muchos hombres quieren que su pene mida como el de alguien que mide 1,95 metros cuando ellos miden 1,70. Es imposible. Peinado tiene que ser muy transparente: no hay milagros aquí. El alargamiento de pene no aumenta el tamaño en erección, solo en flacidez, exteriorizando la parte que está dentro del cuerpo. A veces consigue uno, dos, tres centímetros más, dependiendo de la anatomía del paciente.

Otro problema frecuente es la enfermedad de Peyronie, que afecta entre el 3% y el 9% de la población pero casi nadie la conoce. Los hombres comienzan con dolor en el pene sin saber por qué. Luego comienza a torcerse. Las curvaturas pueden llegar a 90 grados, impidiendo la penetración. Es devastador. Peinado tiene pacientes desde los 30 hasta los 50 años con esta enfermedad.

Hay también hombres que se sienten decaídos, sin energía, perdiendo una vitalidad que tenían hace años. Muchos confunden esto con envejecer, cuando en realidad es un déficit de testosterona. Una vida poco saludable afecta los niveles de testosterona. Estos hombres pierden masa muscular, sufren desánimo, no tienen energía. Necesitan ayuda nutricional, porque el consumo de proteínas suele ser deficiente. También necesitan apoyo psicológico para modificar comportamientos de soledad y decaimiento. Durante años se les ha dicho que no deben tratarse con testosterona por miedo al cáncer de próstata, pero Peinado es claro: no hay ningún estudio que relacione testosterona con cáncer de próstata. Esa asociación vino de errores metodológicos graves. Muchos hombres han sido condenados a no recibir un tratamiento que necesitaban.

Lo que sí existe es evidencia de que eyacular frecuentemente reduce el riesgo de cáncer de próstata. Los estudios muestran una relación entre el número de eyaculaciones y la reducción de probabilidad, especialmente con cánceres poco agresivos. Con las eyaculaciones, los elementos nocivos que se acumulan en la próstata se eliminan, como si fuera un lavado. Los hombres que eyaculan más frecuentemente también tienden a ser metabólicamente más sanos. Pero hay que tener cuidado: no es causalidad, es asociación. El riesgo puede reducirse entre un 20% y un 30%. En Estados Unidos hay asociaciones que abogan por no eyacular, algo que Peinado considera sin sentido fisiológico. El organismo es lo suficientemente sabio para saber cuándo se produce el deseo sexual. El equilibrio es muy personal e íntimo.

A los jóvenes con disfunción eréctil se les dice que es una tontería pero cada vez hay más
— François Peinado, jefe de Urología y Andrología del Hospital Ruber Juan Bravo
Vivimos en una sociedad hipersexualizada que está obsesionada con el cuerpo perfecto
— François Peinado
El organismo es lo suficientemente sabio para saber cuándo se produce el deseo sexual
— François Peinado
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