En un momento en que la economía se convierte en lenguaje de la conciencia política, doce naciones —encabezadas por España e Irlanda— han coordinado un boicot comercial contra los productos de los asentamientos israelíes en Cisjordania, desafiando tanto a Bruselas como a Tel Aviv. El embargo, centrado en dátiles y alimentos procesados, traduce un debate moral sobre la ocupación territorial en consecuencias materiales concretas para los productores de las colonias. Israel ha respondido con represalias diplomáticas, incluido el cierre del consulado británico en Jerusalén, señalando que la tensió