Seis años después de que el COVID-19 demostrara cuán frágil es la solidaridad global ante una crisis biológica, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, convoca a los gobiernos del mundo a cerrar un tratado de preparación pandémica antes de que la próxima amenaza los encuentre, una vez más, sin respuesta común. La advertencia no es una proyección especulativa sino una certeza enunciada con urgencia: otra pandemia llegará, y la pregunta no es si el mundo sobrevivirá, sino si habrá aprendido algo. En el fondo de este llamado late una verdad incómoda: las lecciones más costosas de la hi
Director de la OMS insta a cerrar tratado global contra pandemias
La próxima pandemia no es una posibilidad sino una certeza inevitable
¿Por qué Adhanom está siendo tan insistente ahora? ¿Qué ha cambiado en estos seis años?
La OMS ha visto cómo el mundo se relaja después de COVID. Los gobiernos vuelven a sus prioridades nacionales, los presupuestos de salud pública se reducen, y la urgencia desaparece. Pero biológicamente, nada ha cambiado. Los virus siguen evolucionando.
Pero aquí hay que ser claros: ¿cuántos países han realmente firmado este tratado? ¿Cuál es el estado actual de las negociaciones? El artículo dice que la OMS lo está pidiendo, pero no dice si hay resistencia activa o simplemente inercia.
Entonces, ¿el tratado ya existe pero no está finalizado?
Existe como propuesta, como marco en negociación. El sistema de acceso a patógenos es la pieza clave. Sin él, cuando llegue la próxima crisis, veremos nuevamente a los países compitiendo por vacunas y tratamientos en lugar de compartir información.
Eso es importante aclarar. No sabemos cuántos países se oponen activamente, cuáles son los puntos de fricción específicos, o si hay un calendario real para la aprobación. El mensaje es urgente, pero los detalles de por qué es tan difícil cerrar este trato no están aquí.
¿Qué pasó en COVID que hace que esto sea tan crítico ahora?
Los primeros meses fueron caóticos. Los países ocultaban información, competían por recursos, no compartían datos sobre variantes. Murieron millones de personas mientras los gobiernos jugaban a la política. El tratado intenta evitar que eso suceda de nuevo.
Pero también hay que notar que incluso después de COVID, con toda esa experiencia fresca, los países aún no han cerrado este acuerdo. Eso sugiere que hay intereses en conflicto que van más allá de la buena voluntad sanitaria. ¿Cuáles son esos intereses? El artículo no lo dice.
O Pulso
- La OMS declara que otra pandemia es inevitable y que el mundo sigue sin los mecanismos colectivos para enfrentarla con equidad y rapidez.
- Seis años después del COVID-19, muchos países han regresado a la normalidad sin resolver las fracturas estructurales que la pandemia expuso en la coordinación internacional.
- El núcleo del conflicto es un sistema de acceso a patógenos que busca obligar a los países a compartir información y recursos biológicos en lugar de competir por ellos en medio del caos.
- Los gobiernos debaten y dilatan mientras la OMS advierte que los virus no esperan consensos diplomáticos ni calendarios legislativos.
- La aprobación del tratado se perfila como el único camino para codificar las lecciones de COVID-19 antes de que la próxima crisis las borre de la memoria colectiva.
Seis años después de que el COVID-19 demostrara cuán frágil es la solidaridad global ante una crisis biológica, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, convoca a los gobiernos del mundo a cerrar un tratado de preparación pandémica antes de que la próxima amenaza los encuentre, una vez más, sin respuesta común. La advertencia no es una proyección especulativa sino una certeza enunciada con urgencia: otra pandemia llegará, y la pregunta no es si el mundo sobrevivirá, sino si habrá aprendido algo. En el fondo de este llamado late una verdad incómoda: las lecciones más costosas de la historia tienden a olvidarse justo cuando más se necesitan.
Seis años después de que el coronavirus paralizara economías y expusiera las grietas de la cooperación internacional, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha intensificado su presión sobre los gobiernos para que aprueben un tratado global de preparación pandémica. Su mensaje es contundente: la próxima pandemia no es una posibilidad remota, sino una certeza, y el tiempo para actuar se acorta.
En el centro de la propuesta está un mecanismo de acceso a patógenos que busca garantizar que, ante una nueva amenaza biológica, los países compartan información, muestras y recursos de forma rápida y equitativa. El objetivo es evitar la competencia caótica que caracterizó los primeros meses del COVID-19, cuando la falta de coordinación costó vidas y agravó la crisis.
Lo que hace este momento especialmente delicado es que, pese al tiempo transcurrido, los problemas estructurales que la pandemia reveló siguen sin resolverse. La transparencia en datos sanitarios, la equidad en el acceso a tratamientos y la coordinación entre naciones continúan siendo puntos de fricción. El tratado que Adhanom impulsa es, en esencia, un intento de convertir esas lecciones en compromisos vinculantes antes de que una nueva crisis las borre.
La OMS no pide reflexión: pide acción inmediata. Los virus no negocian plazos ni esperan acuerdos diplomáticos. Y la historia advierte que los países que no inviertan en preparación compartida serán los que paguen el precio más alto cuando llegue la próxima amenaza.
Seis años después de que el coronavirus paralizara al mundo, el director de la Organización Mundial de la Salud está presionando a los gobiernos para que cierren filas alrededor de un tratado global de preparación pandémica. Tedros Adhanom Ghebreyesus ha dejado clara su posición: otra pandemia no es una posibilidad remota sino una certeza inevitable, y el tiempo para prepararse se agota.
La urgencia en el mensaje de Adhanom refleja una realidad incómoda que los países han estado evitando desde que COVID-19 comenzó a retroceder en los titulares. Seis años después de una crisis que mató a millones, desplazó economías enteras y expuso las fracturas en la coordinación global, la pregunta fundamental persiste sin respuesta clara: ¿está el mundo realmente preparado para lo que viene?
En el centro de esta presión está un sistema de acceso a patógenos que la OMS considera fundamental para cualquier defensa coordinada contra futuras enfermedades infecciosas. El mecanismo busca garantizar que cuando emerja una amenaza biológica, los países compartan información, muestras y recursos de manera rápida y equitativa, en lugar de competir entre sí como sucedió durante los primeros meses caóticos de la pandemia de coronavirus.
La OMS no está pidiendo que los gobiernos reflexionen sobre esto. Está pidiendo que actúen ahora. La agencia ha dejado claro que la aprobación del tratado no puede esperar, que la próxima pandemia no enviará una invitación con fecha de llegada. El lenguaje es directo: es cuestión de tiempo, no de si.
Lo que hace que este momento sea particularmente delicado es que seis años después de COVID-19, muchos países parecen haber vuelto a la vida normal sin haber resuelto los problemas estructurales que la pandemia expuso. Las lecciones sobre coordinación internacional, transparencia en la información sanitaria, y equidad en el acceso a tratamientos siguen siendo puntos de fricción entre naciones. El tratado global que Adhanom está presionando para cerrar es, en esencia, un intento de codificar esas lecciones antes de que la próxima crisis las borre nuevamente de la memoria colectiva.
La carrera por construir un mundo a prueba de pandemias, como algunos lo han descrito, no es una competencia entre países sino una carrera contra el tiempo biológico. Los virus no negocian plazos. No esperan a que los gobiernos lleguen a un consenso. Y la historia sugiere que cuando finalmente llegue la próxima amenaza, los países que no hayan invertido en preparación compartida pagarán el precio más alto.
Citações Notáveis
La próxima pandemia es cuestión de tiempo— Organización Mundial de la Salud