En el ocaso de los grandes imperios, el arte a veces se convierte en espejo y a veces en cómplice. Con 'Digger', Alejandro G. Iñárritu lleva a los cines una sátira sobre la corrupción y el colapso ambiental que, paradójicamente, reproduce los mismos excesos que pretende denunciar. Tom Cruise encarna a un magnate petrolero que niega la realidad con estrépito verbal, mientras la película se pregunta si el arte puede sobrevivir cuando todo lo demás se derrumba — sin encontrar, al final, una respuesta honesta.
'Digger': irritante, decadente y cínica, con un Tom Cruise grotesco
Todos son corruptos; nadie se salva del juicio moral
¿Por qué te molesta tanto esta película? Parece que Iñárritu está intentando hacer exactamente lo que dices que hace: mostrar la corrupción total.
Porque hay una diferencia entre mostrar algo y hacerlo con desprecio. Iñárritu construye un mundo de exceso visual mientras critica el exceso. Gasta millones para decirnos que gastamos demasiado.
Pero eso es lo que dice el crítico. ¿Cuánto cuesta realmente la película? ¿Hay números?
No están en la reseña. Lo que sí está claro es que Cruise entrega una actuación genuinamente interesante, kamikaze, verborreica.
¿Entonces lo mejor de la película es lo que menos tiene que ver con el mensaje?
Exactamente. Cruise se entrega a la hipérbole sin disculparse. Es lo único que funciona porque no intenta ser inteligente.
¿Y Sandra Hüller? El crítico dice que está infrautilizada.
Tan infrautilizada que ni siquiera sabemos quién es su personaje al final. Es un desperdicio.
¿Compara la película con Don't Look Up?
Sí, pero de forma interesante. Dice que Don't Look Up parecía una caricatura entonces, pero ahora parece casi documental. Digger no tiene ni eso.
Eso es una observación sobre la realidad, no sobre la película. ¿Qué hace Digger que sea diferente?
Que Don't Look Up tenía a Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence como representación de la honestidad dentro de la pantomima. Digger no tiene a nadie. La pantomima es todo.
¿Entonces es una película sin esperanza?
Es una película que pretende ser una sátira pero que termina siendo una parodia. Y eso es lo que la hace irritante.
Il Polso
- Iñárritu despliega un arsenal visual y narrativo desmesurado para retratar la decadencia del imperio americano, pero el exceso del diagnóstico termina siendo indistinguible de la enfermedad que señala.
- Tom Cruise entrega una actuación kamikaze — verborreica, hiperbólica, enfundado en látex y peluca — que es lo único que mantiene vivo el pulso de una película que se hunde bajo su propio peso.
- Un reparto de nombres ilustres queda atrapado en la parodia: Sandra Hüller infrautilizada, John Goodman caricaturizando al presidente, y Riz Ahmed como el único personaje que intenta sostener algo parecido a la cordura.
- La película aspira a ser sátira moral — el dedo acusatorio apunta al espectador — pero sin un solo personaje que se salve del desprecio de Iñárritu, el juicio se vuelve vacío y la emoción nunca llega.
- Donde 'Don't Look Up' aún conservaba dos científicos honestos como último destello de humanidad, 'Digger' no guarda ninguno: la pantomima lo ocupa todo, y eso, más que crítica, es rendición.
En el ocaso de los grandes imperios, el arte a veces se convierte en espejo y a veces en cómplice. Con 'Digger', Alejandro G. Iñárritu lleva a los cines una sátira sobre la corrupción y el colapso ambiental que, paradójicamente, reproduce los mismos excesos que pretende denunciar. Tom Cruise encarna a un magnate petrolero que niega la realidad con estrépito verbal, mientras la película se pregunta si el arte puede sobrevivir cuando todo lo demás se derrumba — sin encontrar, al final, una respuesta honesta.
Alejandro G. Iñárritu ha entregado con 'Digger' una película que provoca reacciones viscerales, aunque no siempre las que busca. La historia gira en torno a un magnate petrolero interpretado por Tom Cruise — envuelto en látex y peluca, verborreico e hiperbólico — que se niega a aceptar la realidad: su gato moribundo puede salvarse si encuentra al veterinario correcto, y una catástrofe ambiental en Groenlandia puede ser 'manejada' controlando el relato. La actuación de Cruise, que evoca sus registros en 'Magnolia' y 'Tropic Thunder', es probablemente lo mejor que la película tiene para ofrecer.
'Digger' respira el mismo aire que 'Megalópolis' de Coppola o 'The Palace' de Polanski: cintas decrépitas e histéricas protagonizadas por caras famosísimas, como si fueran una orgía final para convencernos de que esto se acaba. Pero mientras Coppola guardaba en su imperfección un espíritu idealista, Iñárritu ofrece lo opuesto: paladas de dinero al servicio del exceso mientras el film predica la contención. Es una contradicción que la película nunca resuelve.
El mundo que construye 'Digger' es uno donde todos son corruptos y nadie se salva del juicio moral. Alrededor de Cruise, Sandra Hüller aparece infrautilizada, John Goodman parodia al presidente de los Estados Unidos, y Riz Ahmed, el más comedido, intenta aportar cordura como científico. El dedo acusatorio apunta al espectador: la culpa del cataclismo será nuestra, porque nadie renuncia a sus comodidades.
Iñárritu recurre además a recursos metacinematográficos para preguntarse si el arte sobrevivirá cuando todo colapse, pero esta trampa se antoja como un capricho, muy lejos de la emoción que Leos Carax logró en 'Annette' con recursos similares. La película se autodefine como sátira, pero es más bien parodia. Cuando 'Don't Look Up' llegó en 2021 parecía una caricatura pasada de vueltas; hoy casi se lee como documental. 'Digger' no tiene ni siquiera eso: no conserva ningún destello de humanidad honesta. Aquí la pantomima es todo lo que hay.
Alejandro G. Iñárritu ha entregado a los cines una película que provoca reacciones viscerales. Digger, su último largometraje, cuenta la historia de un magnate petrolero interpretado por Tom Cruise que se niega a aceptar la realidad: su gato moribundo puede salvarse si encuentra el veterinario correcto, y una explosión ambiental catastrófica en Groenlandia puede ser "manejada" mediante el control narrativo. El personaje de Cruise es un hombre envuelto en látex y peluca, verborreico e hiperbólico, probablemente lo mejor que la película tiene para ofrecer, entregado a una actuación que recuerda sus papeles anteriores en Magnolia y Tropic Thunder.
La película respira el mismo aire que Megalópolis de Francis Ford Coppola y The Palace de Roman Polanski: cintas decrépitas, histéricas, caras famosísimas en lo que se siente como una orgía final para convencernos de que esto se acaba. Pero mientras Coppola guardaba en su imperfección un espíritu idealista y romántico, Digger es lo opuesto: paladas de dinero al servicio del exceso, mientras el film nos habla de la necesidad de contención. Es una contradicción que Iñárritu parece no resolver.
La película construye un mundo donde todos son corruptos, donde todos están dispuestos a traicionar sus principios por un bocado de sashimi de toro en este festín desbocado. El dedo acusatorio señala al espectador: la culpa del cataclismo será nuestra, porque nadie está dispuesto a renunciar a sus comodidades. Iñárritu observa a sus personajes con desprecio, como mucho con cierta fascinación por el corruptor. Pero nadie se salva en su juicio moral. Alrededor de Cruise, Sandra Hüller aparece infrautilizada, mientras John Goodman parodia al presidente de los Estados Unidos, Burn Gorman al vicepresidente, Robert John Burke al representante del ejército gritando "volémoslo todo por los aires", y Riz Ahmed, el más comedido, intenta aportar algo de cordura como científico.
La película es deliberadamente prostética en su diseño visual, con un telón ascendente que revela un dormitorio escenográfico donde una ventana da a un paisaje irreal de pintura romántica. Pero es involuntariamente prostática en su ejecución. Iñárritu recurre a recursos metacinematográficos para preguntarse si el arte sobrevivirá cuando todo colapse, si el arte siempre estará financiado por aquellos que quieren controlar el relato. Sin embargo, esta trampa metacinematográfica se antoja como un capricho, muy lejos de la emoción que Leos Carax consiguió en Annette, con la que comparte el uso del artificio dentro del artificio.
La película se autodefine como sátira, pero es más bien una parodia. Uno de sus personajes reflexiona sobre buscar "entretener hasta la muerte". Ojalá, pero no. Digger es irritante, decadente y cínica, una película que aspira a ser un comentario sobre la caída del imperio americano pero que termina siendo un síntoma de esa misma caída: exceso visual y narrativo sin la redención emocional que otros filmes similares han logrado. Cuando Don't Look Up llegó en 2021, parecía una caricatura pasada de vueltas. Ahora, con la velocidad a la que hemos caído en la farsa, casi se lee como documental. Digger no tiene ni siquiera eso: no tiene los dos científicos honestos que quedaban como último destello de humanidad. Aquí la pantomima es todo lo que hay.
Citazioni salienti
Digger es irritante, decadente y cínica, con un Tom Cruise grotesco que es, sin duda, lo mejor del film— El crítico de El Confidencial
La película busca 'entretener hasta la muerte'— Personaje en Digger