En una ciudad donde el precio de un techo se ha convertido en medida de la justicia social, los berlineses han elegido a Die Linke como fuerza política dominante, apostando por un programa que trata la vivienda no como mercancía sino como derecho. La victoria rompe décadas de alternancia predecible y coloca sobre la mesa propuestas que hasta hace poco vivían en los márgenes del debate: expropiar fondos de inversión extranjeros, fijar techos al alquiler y reconocer la ocupación de inmuebles vacíos como respuesta legítima a la escasez. Berlín, ciudad que ya vivió la historia como laboratorio de
Die Linke propone expropiaciones masivas y despenalizar ocupaciones en Berlín
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