Ninguna medida aislada es suficiente para controlar el dengue
Cada 15 de junio, el Día Mundial del Dengue recuerda que ciertas amenazas no obedecen estaciones ni fronteras. En 2024, más de 14,6 millones de personas contrajeron la enfermedad en más de cien países, y Argentina vivió su peor brote histórico con 580.000 casos y 419 muertes. Los especialistas advierten que el dengue, impulsado por el cambio climático y la urbanización, ya no es un problema tropical sino una condición permanente de la salud global que exige respuestas tan complejas como el virus mismo.
- El dengue batió récords mundiales en 2024 con más de 14,6 millones de casos y 12.000 muertes, señal de que la enfermedad escala a una velocidad que supera las respuestas sanitarias tradicionales.
- Argentina sufrió su mayor brote histórico en 2023-2024, con más de 580.000 contagios y 419 fallecimientos, evidenciando que el virus ya no se limita a zonas tropicales ni a meses de calor.
- La biología del dengue complica cualquier solución simple: sus cuatro serotipos hacen que una segunda infección pueda derivar en formas graves, desafiando tanto la inmunidad natural como el desarrollo de vacunas.
- El cambio climático, la urbanización acelerada y los viajes internacionales amplían el territorio del mosquito Aedes aegypti, creando condiciones propicias para nuevos brotes en regiones antes consideradas seguras.
- Los expertos son unánimes: ninguna medida aislada —ni la vacuna, ni el control de criaderos, ni la vigilancia— es suficiente por sí sola; solo estrategias integradas y sostenidas en el tiempo pueden doblar la curva de la enfermedad.
El dengue ha dejado de ser una enfermedad de estación o de trópico. Cada 15 de junio, el Día Mundial del Dengue convoca a recordarlo bajo un lema que este año resulta especialmente pertinente: "Un mundo contra el dengue". La advertencia no es retórica: en 2024 se registró el mayor número de casos de la historia, con más de 14,6 millones de notificaciones y más de 12.000 muertes en más de cien países.
Argentina conoció esa realidad de cerca. Durante la temporada 2023-2024, el país atravesó su peor brote histórico: más de 580.000 casos confirmados y 419 fallecimientos. Lo que antes era un fenómeno acotado geográficamente y estacionalmente se ha convertido en una presencia casi permanente, con el virus circulando durante más meses del año y en regiones donde antes era desconocido.
La complejidad del dengue no es solo epidemiológica, sino biológica. El virus existe en cuatro serotipos distintos —DENV-1 al DENV-4— y una primera infección solo protege contra ese serotipo específico. Una segunda infección con un serotipo diferente puede derivar en formas graves de la enfermedad, lo que convierte a la inmunidad parcial en un factor de riesgo adicional. El infectólogo Tomás Orduna, del Hospital Muñiz, subraya que esta diversidad viral obliga a pensar estrategias preventivas que contemplen los cuatro serotipos de manera simultánea.
Detrás del avance del virus hay fuerzas estructurales: el cambio climático expande el territorio habitable del mosquito Aedes aegypti, mientras la urbanización acelerada, los movimientos migratorios y la acumulación de agua estancada multiplican los criaderos. Se estima que alrededor de 390 millones de infecciones ocurren cada año en el mundo, y más de la mitad de la población global vive en zonas de riesgo.
Frente a este panorama, el infectólogo Pablo Bonvehí, del Hospital CEMIC, es categórico: la experiencia internacional demuestra que ninguna medida aislada alcanza. La vacunación, el control de criaderos, la vigilancia epidemiológica y la educación sanitaria deben actuar de forma coordinada y sostenida. El dengue seguirá siendo una amenaza mientras no se aborden todos sus frentes al mismo tiempo.
El dengue no desaparece cuando bajan las temperaturas. Esta es la lección que los especialistas en enfermedades infecciosas repiten cada vez con más insistencia, particularmente en un contexto donde el virus ha dejado de ser un problema tropical para convertirse en una amenaza que atraviesa continentes y sistemas de salud. El 15 de junio marca el Día Mundial del Dengue, una conmemoración que este año se desarrolla bajo el lema "Un mundo contra el dengue", un reconocimiento de que la enfermedad ya no respeta las fronteras que alguna vez la contenían.
La complejidad del dengue radica en su propia estructura biológica. El virus existe en cuatro serotipos distintos —DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4— que, aunque pertenecen a la misma familia viral, presentan diferencias que complican tanto su control como el desarrollo de herramientas preventivas. Una persona puede infectarse más de una vez en su vida. La primera infección genera inmunidad duradera contra ese serotipo específico, pero no ofrece protección completa contra los otros tres. Peor aún: cuando alguien se contagia por segunda vez con un serotipo diferente, el riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad aumenta significativamente, un fenómeno ampliamente documentado en la literatura científica.
El Dr. Tomás Orduna, infectólogo tropicalista y consultor de Medicina Tropical del Hospital Muñiz, lo expresó con claridad: el dengue es extraordinariamente complejo desde el punto de vista inmunológico. La coexistencia de cuatro serotipos obliga a pensar estrategias preventivas que contemplen esa diversidad viral. Por eso resulta especialmente relevante contar con herramientas desarrolladas específicamente para brindar protección frente a los cuatro serotipos simultáneamente.
Argentina vivió esta realidad de manera brutal durante la temporada 2023-2024, cuando el país registró su mayor brote de dengue en la historia reciente: más de 580.000 casos confirmados y 419 fallecimientos. En los últimos años, el país experimentó no solo un aumento en el número de casos, sino también una expansión geográfica del virus y una reducción de la variabilidad estacional, lo que significa que el dengue está presente durante más meses del año. A nivel global, la situación es aún más grave. Durante 2024 se registró el mayor número de casos de dengue documentado en la historia, con más de 14,6 millones de notificaciones y más de 12.000 muertes reportadas en más de 100 países. Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en zonas con riesgo de transmisión, y se estima que ocurren alrededor de 390 millones de infecciones cada año.
Los especialistas coinciden en que múltiples factores explican este crecimiento sostenido. El cambio climático favorece la expansión geográfica de los mosquitos transmisores hacia zonas donde anteriormente no podían sobrevivir. Simultáneamente, la urbanización acelerada, los movimientos migratorios, el incremento de los viajes internacionales y la acumulación de agua estancada en recipientes generan condiciones propicias para la proliferación del mosquito Aedes aegypti, principal vector del virus.
Frente a este escenario, la prevención debe sustentarse en estrategias integrales y complementarias. El control de criaderos, la vigilancia epidemiológica, el fortalecimiento de los sistemas de diagnóstico, la educación sanitaria y la vacunación constituyen componentes que deben actuar de manera coordinada para maximizar el impacto de las intervenciones. El Dr. Pablo Bonvehí, infectólogo y jefe de Infectología del Hospital Universitario CEMIC, fue enfático: la experiencia internacional demuestra que ninguna medida aislada es suficiente para controlar el dengue. Se necesitan enfoques integrados que combinen diferentes herramientas de prevención y que puedan sostenerse en el tiempo. La vacunación representa una de esas herramientas y debe ser entendida como parte de una estrategia más amplia de salud pública, no como una solución única.
Esta es la realidad que enfrentan los sistemas de salud en todo el mundo: un virus que muta, que se propaga, que regresa. La prevención integral no es un lujo epidemiológico, sino una necesidad urgente que requiere coordinación sostenida, recursos consistentes y una comprensión clara de que el dengue seguirá siendo una amenaza mientras no se aborden simultáneamente todos los frentes de la enfermedad.
Notable Quotes
El dengue es una enfermedad extraordinariamente compleja desde el punto de vista inmunológico. La coexistencia de cuatro serotipos diferentes obliga a pensar estrategias preventivas que contemplen esa diversidad viral.— Dr. Tomás Orduna, infectólogo tropicalista del Hospital Muñiz
La experiencia internacional demuestra que ninguna medida aislada es suficiente para controlar el dengue. Necesitamos enfoques integrados que combinen diferentes herramientas de prevención.— Dr. Pablo Bonvehí, jefe de Infectología del Hospital Universitario CEMIC
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el dengue sigue siendo tan difícil de controlar si ya conocemos el virus desde hace décadas?
Porque no es un virus singular. Son cuatro virus diferentes que comparten el mismo nombre. Cuando una persona se infecta por segunda vez con un serotipo distinto, su sistema inmunológico no reconoce bien al nuevo virus y la enfermedad puede ser mucho más grave. Es como si el virus aprendiera a engañar al cuerpo.
¿Y eso significa que la vacunación no es suficiente?
Exactamente. La vacunación es crucial, pero es solo una pieza. Necesitas también eliminar los lugares donde el mosquito se reproduce, vigilar dónde aparecen nuevos casos, diagnosticar rápidamente. Si solo vacunas pero dejas que el mosquito prolifere en los patios, el virus seguirá circulando.
Argentina tuvo 580.000 casos en una sola temporada. ¿Cómo llega a tanto?
El virus encontró condiciones perfectas: ciudades densas, agua estancada en recipientes, mosquitos que ahora pueden vivir en más meses del año por el cambio climático. Y una vez que el virus está circulando, viaja con las personas que se mueven entre ciudades.
¿Entonces el cambio climático es el culpable?
Es un factor importante, pero no el único. El cambio climático expande el territorio donde el mosquito puede vivir. Pero la urbanización, los viajes, la falta de control de criaderos: todo eso acelera la propagación. Es una tormenta perfecta.
¿Qué significa que haya 14,6 millones de casos en 2024?
Significa que el dengue ya no es una enfermedad tropical. Es una enfermedad global. Más de la mitad de la humanidad vive en zonas donde puede contraerla. Y eso requiere que todos los países trabajen juntos, no solo los tropicales.
¿Hay esperanza?
La hay, pero requiere que los gobiernos mantengan el esfuerzo año tras año. No es algo que se resuelve con una campaña de vacunación. Es sostenido, coordinado, integral. Y eso es difícil de mantener cuando la enfermedad no está en las noticias.