Mientras Delcy Rodríguez buscaba reconocimiento internacional en los pasillos de Naciones Unidas, Venezuela ardía en protestas que se han triplicado en un año. El respaldo popular a su gobierno se ha desmoronado hasta el 24,6%, y la decepción alcanza también a Washington: la imagen de Trump entre los venezolanos cayó 23 puntos en seis meses. Es la historia de un pueblo que aguarda una transición que no llega, atrapado entre un interinato sin legitimidad y una potencia extranjera que no cumplió sus promesas.
Desploma de apoyo a Delcy Rodríguez: 8 de cada 10 venezolanos desaprueba su gestión
Solo dos de cada diez venezolanos aprueban su forma de gobernar
¿Cómo es posible que Rodríguez esté en Nueva York buscando legitimidad mientras el apoyo se desmorona tan rápidamente?
Porque la legitimidad internacional y la legitimidad doméstica no siempre avanzan juntas. Rodríguez necesitaba mostrar que podía negociar con Trump, acceder a los circuitos financieros. Pero en casa, los venezolanos veían que nada mejoraba: la electricidad seguía cortándose 16 horas, los salarios no subían, y ella no tenía poder real para cambiar nada.
Espera. ¿Cuánto de esa caída de aprobación es por Rodríguez específicamente y cuánto es por la frustración general con que Maduro se fue pero el sistema no cambió? Las encuestas miden desaprobación, pero no dicen si la gente culpa a Rodríguez o a Trump o a la situación misma.
Es una pregunta justa. Lo que sí sabemos es que el descontento es multidimensional. No es solo economía. Las protestas incluyen demandas de derechos civiles y políticos en partes iguales. La gente quiere cambio político, no solo mejora económica.
¿Y por qué Trump cae tan rápido en popularidad? De 53% a 30% en seis meses es dramático.
Porque los venezolanos esperaban que Trump los ayudara a salir del chavismo. Pero cuando vieron que Trump seguía apoyando a Rodríguez, que estaba negociando acuerdos petroleros que parecían beneficiar más a Estados Unidos, la esperanza se convirtió en decepción.
Aunque hay que notar: el 35,4% que apoya el acuerdo petrolero no es insignificante. Y no sabemos si esa gente apoya a Rodríguez o simplemente cree que el acuerdo es necesario. Las cifras de desaprobación son claras, pero las motivaciones detrás de ellas son más complejas.
¿Qué pasa ahora? ¿Hay algún mecanismo para que esto cambie?
Eso es lo preocupante. El interinato no tiene capacidad para responder a los reclamos. La transición electoral no tiene fecha. Los venezolanos protestan, pero no hay canales claros para procesar esa demanda.
Y eso es lo que el reportaje deja sin resolver: ¿cuál es el siguiente paso? ¿Más protestas? ¿Represión? ¿Negociación? El reportaje documenta el descontento, pero no hay claridad sobre hacia dónde va esto.
O Pulso
- Las protestas en Venezuela se triplicaron en 2026 —4.656 manifestaciones frente a 1.561 el año anterior— con barricadas, cacerolazos y cortes de luz de hasta 16 horas que paralizan la vida cotidiana.
- La aprobación de Delcy Rodríguez se desplomó del 37% al 24,6% entre febrero y agosto, mientras el 93% de los venezolanos rechaza su gestión en economía, servicios públicos y libertades.
- La imagen positiva de Donald Trump entre los venezolanos cayó de 53% a 30% en el mismo período: el 77,5% de la población se siente decepcionado por el respaldo estadounidense al interinato chavista.
- El nuevo acuerdo petrolero con Estados Unidos no genera apoyo: más de la mitad de los venezolanos cree que el país cede demasiado, que el pacto compromete la soberanía y que el interinato carece de legitimidad para negociar recursos naturales.
- El 88,4% de la población considera urgente que el chavismo abandone el poder, pero la transición electoral sigue sin fecha, casi nueve meses después de la salida de Maduro.
Mientras Delcy Rodríguez buscaba reconocimiento internacional en los pasillos de Naciones Unidas, Venezuela ardía en protestas que se han triplicado en un año. El respaldo popular a su gobierno se ha desmoronado hasta el 24,6%, y la decepción alcanza también a Washington: la imagen de Trump entre los venezolanos cayó 23 puntos en seis meses. Es la historia de un pueblo que aguarda una transición que no llega, atrapado entre un interinato sin legitimidad y una potencia extranjera que no cumplió sus promesas.
A finales de septiembre de 2026, Delcy Rodríguez viajó a Nueva York —en un avión facilitado por Estados Unidos— para participar en la Asamblea General de la ONU y reunirse con Donald Trump. Buscaba legitimidad internacional y reinsertar a su administración en los circuitos financieros globales. Mientras negociaba en Manhattan, en Venezuela se registraban 56 manifestaciones en 17 estados: concentraciones, cacerolazos, barricadas, quema de neumáticos y cortes de carreteras, muchos de ellos detonados por apagones que en algunas zonas superaron las 16 horas.
Esos días no eran una excepción. Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, en los primeros ocho meses de 2026 se contabilizaron 4.656 protestas —casi el triple de las 1.561 del mismo período en 2025—, distribuidas de forma equilibrada entre demandas políticas y reclamos económicos y sociales. El descontento era, en suma, multidimensional.
Los números electorales reflejaban ese agotamiento. La aprobación de Rodríguez cayó del 37% en febrero al 24,6% en agosto, mientras su evaluación negativa escaló al 57,9%. Encuestadoras como Meganálisis registraban niveles de desaprobación superiores al 93% en economía, servicios públicos y democracia. Para agosto, el 93,2% de los encuestados afirmaba que su calidad de vida no había mejorado en absoluto.
El desgaste se extendió también hacia Washington. La imagen positiva de Trump entre los venezolanos se desplomó de 53% a 30% en seis meses, y el 77,5% declaró sentirse decepcionado por el respaldo estadounidense al interinato. El nuevo acuerdo petrolero tampoco generó entusiasmo: más de la mitad de la población consideraba que Venezuela cedía demasiado, que el pacto comprometía la soberanía nacional y que el interinato carecía de legitimidad para negociar los recursos del país.
Con el 88,4% de los venezolanos exigiendo la salida del chavismo y la transición electoral sin fecha cierta —casi nueve meses después de la partida de Maduro—, el país quedaba atrapado en un limbo político donde las demandas ciudadanas encontraban pocas vías efectivas de respuesta.
A finales de septiembre, mientras Delcy Rodríguez viajaba a Nueva York en un avión facilitado por Estados Unidos para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas y reunirse con Donald Trump, Venezuela vivía un momento de ruptura política. La presidenta encargada buscaba legitimidad internacional y reinsertar su administración en los circuitos económicos y financieros globales. Pero en las calles del país, el descontento estallaba en direcciones opuestas.
Entre el 22 y el 24 de septiembre, mientras Rodríguez negociaba en Manhattan, se registraron 56 manifestaciones que se extendieron a 17 estados. Las protestas tomaron formas variadas: concentraciones, cacerolazos, barricadas, quema de neumáticos, cierres de calles y carreteras. Gran parte de la conflictividad giró alrededor de la crisis eléctrica, con interrupciones del servicio que en algunas zonas alcanzaron las 16 horas. Estos no eran episodios aislados. Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, durante los primeros ocho meses de 2026 se registraron 4.656 protestas en Venezuela, prácticamente el triple de las 1.561 contabilizadas en el mismo período de 2025. El crecimiento abarcó tanto demandas relacionadas con derechos civiles y políticos (2.092 protestas, 44,9%) como aquellas vinculadas con derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (2.564, 55,1%). Esta distribución equilibrada revelaba un descontento multidimensional: los venezolanos protestaban tanto por la falta de libertades políticas como por la persistencia de condiciones de vida precarias.
El deterioro en el clima social tenía un reflejo directo en el desgaste político del interinato. Según datos de Latam Pulse, la aprobación de la forma en que Delcy Rodríguez conducía el gobierno se desplomó de un 37% en febrero de 2026 a apenas 24,6% en agosto. Solo dos de cada diez venezolanos aprobaban su forma de gobernar. Simultáneamente, la evaluación negativa escaló de 33,5% a 57,9% en el mismo período. Otras encuestadoras corroboraban esta erosión. Meganálisis registraba en abril de 2026 niveles de desaprobación superiores al 93% en áreas críticas: 95,33% en economía, 94,61% en servicios públicos y 93,81% en democracia y libertades. Para agosto, un 93,2% de los encuestados afirmó que su situación económica y calidad de vida no había mejorado en absoluto durante la gestión de Rodríguez.
Pero el descontento no se limitaba al interinato. A medida que los venezolanos percibían que la administración Trump jugaba un papel decisivo en la continuidad del ecosistema de poder actual, en la orientación de los acuerdos económicos y en la postergación indefinida de la transición, la valoración de la política estadounidense quedaba asociada a los resultados de la gestión de Rodríguez. La imagen positiva de Donald Trump entre los venezolanos sufrió un desplome de 53% a 30% entre febrero y agosto de 2026, una caída de 23 puntos porcentuales, mientras su imagen negativa escaló hasta el 45%.
El nuevo acuerdo petrolero tampoco generaba respaldo mayoritario. En agosto, solo el 35,4% de los encuestados se declaraba a favor del convenio. Más de la mitad de la población opinaba que el pacto beneficiaría más a Estados Unidos que a Venezuela, y un porcentaje similar consideraba que Venezuela estaba cediendo demasiado a cambio de muy pocos beneficios. El 53% percibía que el acuerdo comprometía la soberanía nacional, mientras que el 55% sostenía que el interinato de Delcy Rodríguez carecía de legitimidad para negociar los recursos naturales del país a largo plazo.
La decepción con Trump era profunda. Según Meganálisis, el 77,5% de los venezolanos se sentía decepcionado por el apoyo que la administración Trump seguía dándole a Delcy Rodríguez y a otros miembros del chavismo. Este descontento se vinculaba con otro dato revelador: un 88,4% de la población consideraba muy urgente que el chavismo dejara el poder. Lo más preocupante era que estas demandas sociales y políticas encontraban pocas vías efectivas para ser procesadas. El interinato tenía muy pocas capacidades para responder a los reclamos ciudadanos, y la transición electoral, casi nueve meses después de la salida de Nicolás Maduro en enero, continuaba sin fecha cierta.
Citações Notáveis
Solo alrededor de 2 de cada 10 venezolanos consideran bueno o muy bueno el gobierno interino— Latam Pulse (AtlasIntel/Bloomberg), agosto 2026
El 55% sostiene que el interinato de Delcy Rodríguez carece de legitimidad para negociar los recursos naturales del país a largo plazo— AtlasIntel, agosto 2026