La desinformación sobre carne de cerdo omite distinciones fundamentales sobre tipo de producto, porciones y métodos de preparación, distorsionando la percepción pública de riesgos sanitarios. Contenidos visuales con carga emocional sobre bienestar animal impactan más que explicaciones técnicas; la industria requiere transparencia sobre protocolos zootécnicos y auditorías, no solo defensa.