Descubrimiento de palmera fósil de 20 millones de años consolida a Río Negro como centro paleontológico

La Patagonia fue un palmar subtropical donde convivían aves gigantes extintas
El análisis de fósiles de palmera revela un ecosistema completamente distinto al de la actual estepa patagónica.

En las tierras áridas del norte patagónico, donde hoy sopla el viento sobre la estepa, un equipo de investigadores ha encontrado la huella de un mundo subtropical que existió hace veinte millones de años. El descubrimiento de Pindocarpon chichinalensis —una palmera fosilizada hallada en Paso Córdoba, Río Negro— no solo inaugura un nuevo género y especie en la ciencia, sino que obliga a repensar los límites del clima y la vida en el extremo sur del continente. Publicado en American Journal of Botany y liderado por la investigadora Luciana Muci, este hallazgo convierte a la Patagonia en un espejo del tiempo, donde el pasado tropical y el presente árido se miran frente a frente.

  • Un fósil de palmera excepcionalmente conservado en el Valle de la Luna Amarillo desafía todo lo que se creía sobre el clima patagónico del Mioceno temprano.
  • La identificación de Pindocarpon chichinalensis como primer registro de la subtribu Attaleinae en el sur de Sudamérica genera un sacudón en la paleobotánica continental.
  • Técnicas de vanguardia —microtomografía de rayos X y microscopía de epifluorescencia— permitieron descifrar estructuras internas que vinculan este fósil con la palmera Pindó del noreste argentino actual.
  • El hallazgo reconstruye una Patagonia de sabanas subtropicales donde convivían palmeras, lagartos fósiles y las temidas Aves del Terror, un ecosistema comparable al actual Chaco Húmedo.
  • Río Negro consolida un corredor científico que une costa, valle y cordillera, transformando cada descubrimiento paleontológico en motor de turismo, educación y economía del conocimiento.

A veinte kilómetros de General Roca, en el Área Natural Protegida Paso Córdoba, un equipo liderado por Luciana Muci —egresada de la Universidad Nacional de Río Negro— desenterró los restos de una palmera fosilizada de veinte millones de años. Los resultados, publicados en American Journal of Botany, presentan un nuevo género y especie bautizado Pindocarpon chichinalensis: uno de los fósiles de palmeras mejor conservados del planeta y el primer registro inequívoco de la subtribu Attaleinae en el sur de Sudamérica.

Los frutos y semillas petrificados fueron hallados en el sector Valle de la Luna Amarillo, en estratos del Mioceno Inferior. El análisis de más de treinta frutos mediante microtomografía de rayos X y microscopía de epifluorescencia reveló tres poros de germinación propios de la tribu Cocoseae —parientes del coco actual— y un patrón interno de invaginaciones leñosas idéntico al de la palmera Pindó, que hoy habita el noreste argentino. Esto indica que condiciones subtropicales se extendieron hasta el norte de la Patagonia hace veinte millones de años, cuando la actual estepa era una sabana con parches de palmares.

En ese paisaje convivían las Aves del Terror, el lagarto fósil Callopistes rionegrensis y otros vertebrados que apuntan a un ambiente similar al actual Chaco Húmedo. Pablo Chafrat, Director de Patrimonio y Museos provincial, destacó que estos restos eran conocidos desde hace tiempo, pero recién ahora pudieron identificarse y asignarse correctamente a una nueva especie.

La mayoría de las piezas reposan en el Museo Patagónico de Ciencias Naturales Juan Carlos Salgado de General Roca. El hallazgo fortalece una red institucional que integra museos de toda la provincia y un corredor científico que une la costa, el valle y la cordillera. A través del programa Rutas Patrimoniales, Río Negro convierte sus descubrimientos paleontológicos en oportunidades de desarrollo turístico, educativo y económico para toda la región.

A veinte kilómetros de General Roca, en el Área Natural Protegida Paso Córdoba, un equipo de investigadores sacó a la luz los restos de una palmera fosilizada que vivió hace veinte millones de años. El hallazgo no es simplemente otro fósil más en las vitrinas de un museo provincial. Es un descubrimiento que reescribe lo que sabemos sobre el clima de la Patagonia en el Mioceno temprano y posiciona a Río Negro como un centro de investigación paleontológica de importancia mundial.

La investigación fue liderada por Luciana Muci, egresada de la Universidad Nacional de Río Negro, y sus resultados acaban de publicarse en la prestigiosa revista American Journal of Botany. El nuevo género y especie identificado recibió el nombre Pindocarpon chichinalensis. Lo que hace excepcional este hallazgo es que representa uno de los fósiles mejor conservados de palmeras de la tribu Cocoseae jamás encontrado en el planeta, y constituye el primer registro fósil inequívoco de la subtribu Attaleinae en el sur de Sudamérica. Al ser el registro más austral de esta subtribu en todo el continente, el descubrimiento sugiere de manera contundente que las condiciones climáticas de tipo subtropical se extendieron hasta el norte de la Patagonia al menos hasta el Mioceno temprano.

Los restos provienen del sector conocido como Valle de la Luna Amarillo, ubicado al sur de General Roca dentro del área protegida. En esa zona, los investigadores hallaron notables acumulaciones de frutos y semillas petrificados de palmeras en excelente estado de preservación, pertenecientes a estratos del Mioceno Inferior con una antigüedad de aproximadamente veinte millones de años. El análisis detallado de más de treinta frutos mediante técnicas de avanzada —microtomografía de rayos X, microscopía óptica y de epifluorescencia— reveló la presencia de tres poros de germinación típicos de la tribu Cocoseae, parientes directos del coco actual. Sin embargo, su estructura interna demostró un desarrollo de invaginaciones leñosas idéntico al de la actual palmera Pindó, que hoy habita el noreste argentino.

Este descubrimiento permite a los especialistas reconstruir un paisaje completamente distinto al que hoy caracteriza a la Patagonia. La actual estepa árida fue en el pasado un ecosistema de sabana: una planicie abierta donde la comunidad de palmeras formaba parches boscosos. En este entorno subtropical convivían las grandes aves corredoras extintas conocidas como Aves del Terror, grupo en el que el Museo Patagónico de Ciencias Naturales ya había marcado un precedente histórico con su participación en el descubrimiento del célebre Patagorhacos terrificus. Otros hallazgos de aves, mamíferos y reptiles, entre los que destaca el lagarto fósil Callopistes rionegrensis, aportan evidencias coincidentes que indican un ambiente paleoclimático muy similar al del actual Chaco Húmedo.

Pablo Chafrat, Director de Patrimonio y Museos de la Secretaría de Cultura de la Provincia, destacó que Paso Córdoba es una localidad clásica en la paleontología provincial. Estos restos se conocen desde hace mucho tiempo, pero hoy pudieron identificarse correctamente y asignarse a una nueva especie, sumándose al registro patrimonial de la provincia. La gran mayoría de las piezas estudiadas se encuentran depositadas en el Museo Patagónico de Ciencias Naturales Juan Carlos Salgado de General Roca, donde el Laboratorio de Paleontología y los equipos técnicos aseguran las condiciones para su estudio continuo.

Este logro consolida una red institucional de resguardo que va más allá de un único museo. La Dirección de Patrimonio y Museos provincial integra este hito con las capacidades del Museo de la Asociación Paleontológica Bariloche y los centros de investigación andinos, formando un corredor científico y cultural que une la costa, el valle y la cordillera en la protección de los bienes comunes de los rionegrinos. Chafrat subraya que esto demuestra un entramado de desarrollo científico que potencia el patrimonio, la economía del conocimiento y también el turismo a través de la actividad de los museos en toda la provincia, consolidándose como un eje estratégico para el desarrollo económico, educativo, cultural y científico. El programa provincial Rutas Patrimoniales impulsa este proyecto federal que transforma los hallazgos paleontológicos en oportunidades de crecimiento regional.

Paso Córdoba es una localidad clásica en la paleontología provincial. Estos restos se conocen desde hace mucho tiempo y hoy pudieron identificarse correctamente y asignarse a una nueva especie
— Pablo Chafrat, Director de Patrimonio y Museos
Esto demuestra un entramado de desarrollo científico que potencia el patrimonio, la economía del conocimiento y también el turismo a través de la actividad de los museos en toda la provincia
— Pablo Chafrat, Director de Patrimonio y Museos
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué es tan importante que este fósil sea de la subtribu Attaleinae?

Model

Porque nunca se había encontrado uno en el sur de Sudamérica. Esto nos dice que el clima subtropical llegaba mucho más al sur de lo que creíamos hace apenas unos años.

Inventor

¿Y eso qué significa para entender la Patagonia de hace veinte millones de años?

Model

Significa que no era la estepa árida que conocemos hoy. Era una sabana con palmares, con aves gigantes cazando, con un clima completamente distinto. La Patagonia fue tropical.

Inventor

¿Cómo pueden estar tan seguros de que es una nueva especie?

Model

Analizaron más de treinta frutos con tecnología de rayos X y microscopía. Cada detalle de la estructura interna cuenta una historia. Este fósil tiene características que no aparecen en ningún otro registro conocido.

Inventor

¿Qué rol juegan los museos locales en todo esto?

Model

Son el corazón del descubrimiento. Los fósiles están guardados en General Roca, donde los investigadores pueden estudiarlos continuamente. Sin esos museos, estos hallazgos nunca saldrían a la luz.

Inventor

¿Esto cambia algo para la gente que vive en Río Negro?

Model

Sí. Transforma la región en un destino científico y turístico. Los museos dejan de ser depósitos para convertirse en centros de investigación de importancia mundial. Eso atrae inversión, educación, turismo.

Inventor

¿Qué viene ahora?

Model

Más excavaciones en Paso Córdoba. Hay mucho más por descubrir en esos estratos del Mioceno. Este hallazgo es solo el comienzo.

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