En las capas sedimentarias de Wyoming, un cefalópodo jurásico aguardó 160 millones de años —y casi tres décadas más en una colección de museo— antes de revelar su identidad al mundo. Wyoteuthis linsterorum, el belemnite más robusto jamás registrado, desafía la imagen que la ciencia tenía de una familia extinta que creía conocer bien. Su descubrimiento nos recuerda que la naturaleza reserva sorpresas incluso en los grupos más estudiados, y que la paciencia —de las rocas, de los coleccionistas y de los científicos— es a veces el instrumento más poderoso de la paleontología.