En una necrópolis tebana de más de tres milenios de historia, investigadores hispano-egipcios han desenterrado una pregunta que trasciende la arqueología: ¿qué significa amar a un animal lo suficiente como para llevarlo contigo al más allá? Un perro momificado de 2.300 años, colocado con deliberada precisión sobre los restos de una pareja adulta en la Tumba Tebana 209, cerca de Luxor, sugiere que el vínculo entre humanos y perros no es una invención moderna, sino una constante profunda de la condición humana. La ciencia observa con cautela, pero el gesto habla por sí solo a través de los siglo