Descubren que el cometa interestelar 3I/ATLAS es más antiguo que el Sol

Un fósil viviente de formación planetaria que podemos estudiar desde mucho más cerca
Cómo los astrónomos describen los cometas interestelares y su valor científico único.
Mark

¿Por qué es tan importante que este cometa sea más antiguo que el Sol?

Mimi

Porque nos permite estudiar cómo se formaban los sistemas planetarios cuando el universo era mucho más joven. Es como encontrar un fósil viviente de un proceso que ocurrió hace miles de millones de años.

Mark

¿Cómo pueden saber la edad de un cometa solo mirando sus moléculas?

Mimi

Las proporciones de isótopos de carbono y nitrógeno actúan como un reloj químico. Reflejan las condiciones del entorno donde se formó, y esas condiciones eran muy diferentes en el universo antiguo que en la actualidad.

Mark

¿Qué hace que este cometa sea tan especial comparado con los otros dos descubiertos?

Mimi

Su brillo. Los anteriores eran demasiado débiles o carecían de gas observable. Este cometa es tan luminoso que permitió medir por primera vez las proporciones isotópicas de un objeto formado fuera del Sistema Solar.

Mark

¿Qué significa que tenga baja metalicidad la estrella donde se formó?

Mimi

Que se formó cuando el universo era químicamente más simple, cuando apenas había elementos pesados. Las estrellas antiguas tienen esa característica. Las nuevas, como el Sol, tienen muchos más elementos pesados.

Mark

¿Qué viene después de este descubrimiento?

Mimi

El próximo telescopio gigante permitirá analizar otros cometas interestelares, incluso los débiles. Esto abrirá una ventana completamente nueva para estudiar sistemas planetarios antiguos sin tener que viajar a ellos.

  • El 3I/ATLAS llegó con un brillo sin precedentes que obligó a los astrónomos a actuar rápido: era la primera vez que un cometa interestelar ofrecía condiciones para medir sus proporciones isotópicas con precisión.
  • Sus proporciones de carbono y nitrógeno resultaron radicalmente distintas a las de cualquier cometa de nuestro Sistema Solar, señalando un origen en un entorno químico completamente diferente.
  • Los investigadores del Very Large Telescope descifraron que esas diferencias apuntan a una estrella de baja metalicidad, es decir, una de las más antiguas del universo, formada hace más de nueve mil millones de años.
  • Los dos cometas interestelares anteriores —ʻOumuamua y Borisov— no permitieron este nivel de análisis; el 3I/ATLAS rompió esa barrera y convirtió lo imposible en realidad científica.
  • Mientras el cometa se aleja y las observaciones concluyen, el futuro Telescopio Extremadamente Grande promete hacer de estos análisis una práctica rutinaria, inaugurando una nueva era en la exploración de sistemas planetarios remotos.

Desde las profundidades del tiempo cósmico, un viajero antiguo ha cruzado nuestro vecindario solar portando un mensaje químico de hace más de nueve mil millones de años. El cometa interestelar 3I/ATLAS, el más luminoso de su clase jamás observado, se formó alrededor de una estrella que existía cuando el universo era aún joven, según un análisis publicado en Nature Astronomy. Por primera vez, la humanidad ha podido leer la huella dactilar isotópica de un objeto nacido fuera del Sistema Solar, abriendo una ventana hacia mundos que precedieron al Sol en más del doble de su edad.

Un cometa que viaja entre las estrellas acaba de revelar un secreto guardado durante miles de millones de años. El 3I/ATLAS, el tercero de su clase jamás identificado y el más luminoso que los astrónomos han podido observar, se formó alrededor de una estrella mucho más antigua que nuestro Sol, según un análisis publicado en Nature Astronomy. Es la primera vez que los científicos han podido reconstruir la historia química de un objeto nacido fuera del Sistema Solar.

Lo que distingue al 3I/ATLAS de sus predecesores —el 1I/ʻOumuamua y el 2I/Borisov— es su brillo extraordinario, que permitió a un equipo internacional medir con precisión las proporciones isotópicas de carbono y nitrógeno en el gas que lo rodea. Cyrielle Opitom, de la Universidad de Edimburgo, describe estos objetos como fósiles de procesos de formación planetaria ocurridos muy lejos, pero que ahora podemos estudiar desde cerca.

Usando el espectrógrafo UVES del Very Large Telescope, los investigadores encontraron proporciones isotópicas inusualmente altas, muy distintas a las de los cometas de nuestro sistema. Esas diferencias apuntan a una estrella de baja metalicidad —de las más antiguas del universo— y a un sistema planetario que existía hace más de nueve mil millones de años, más del doble de la edad del Sol.

Ahora, mientras el cometa se aleja y las observaciones llegan a su fin, los investigadores miran hacia el futuro Telescopio Extremadamente Grande de la ESO, que permitirá realizar mediciones similares incluso en objetos menos brillantes. El 3I/ATLAS no es un caso aislado: es el umbral de una nueva era en la que los visitantes interestelares se convertirán en herramientas para explorar cómo se formaban los mundos en los albores del universo.

Un cometa que viaja entre las estrellas acaba de revelar un secreto guardado durante miles de millones de años. El 3I/ATLAS, el tercero de su clase jamás identificado y el más luminoso que los astrónomos han logrado observar, se formó alrededor de una estrella mucho más antigua que nuestro Sol, según un análisis publicado el 6 de julio en Nature Astronomy. El descubrimiento marca la primera vez que los científicos han podido reconstruir la historia química de un objeto nacido fuera del Sistema Solar, un logro que abre una ventana hacia sistemas planetarios que existían cuando el universo era aún joven.

Los cometas interestelares son viajeros cósmicos raros. Se forman alrededor de estrellas distantes, en los confines helados de sistemas planetarios ajenos, y ocasionalmente atraviesan nuestro vecindario solar. El 3I/ATLAS es apenas el tercero de estos visitantes que la humanidad ha detectado, después del 1I/ʻOumuamua y el 2I/Borisov. Lo que lo distingue es su brillo extraordinario, una cualidad que permitió a un equipo internacional de investigadores hacer algo que nunca antes había sido posible: medir con precisión las proporciones isotópicas de carbono y nitrógeno en el gas que rodea al cometa. Cyrielle Opitom, investigadora de la Universidad de Edimburgo y codirectora del estudio junto a Jean Manfroid y Damien Hutsemékers de la Universidad de Lieja, describe estos objetos como fósiles de procesos de formación planetaria que ocurrieron muy lejos, pero que ahora podemos estudiar desde mucho más cerca.

El análisis fue realizado con el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, un instrumento capaz de descomponer la luz del cometa y revelar su composición molecular. Los investigadores utilizaron el espectrógrafo UVES para medir las proporciones de isótopos en las moléculas de cianuro que rodean al cometa. Estas proporciones son como una huella dactilar química: revelan las condiciones físicas del entorno en el que el cometa se formó, y apenas cambian durante su viaje a través del espacio. Lo que encontraron fue sorprendente. El 3I/ATLAS llevaba proporciones isotópicas inusualmente altas de carbono y nitrógeno, muy diferentes a las que se encuentran en los cometas de nuestro propio Sistema Solar.

Esas diferencias químicas cuentan una historia de antigüedad. Las estrellas que tienen bajas proporciones de elementos pesados, lo que los astrónomos llaman baja metalicidad, son las más antiguas. Se formaron cuando el universo era mucho más joven y químicamente más simple que hoy. Los datos indican que el 3I/ATLAS probablemente nació en las regiones exteriores de una de esas estrellas antiguas, en un sistema planetario que existía hace más de nueve mil millones de años. Eso significa que este cometa tiene más del doble de antigüedad que el Sol, que se formó hace aproximadamente 4.600 millones de años. Rosemary Dorsey, investigadora de la Universidad de Helsinki y coautora del estudio, subraya que el 3I/ATLAS representa una oportunidad única para investigar la composición de otro sistema planetario, uno que se formó mucho antes de que existieran el Sol y el Sistema Solar.

Lo que hace este descubrimiento particularmente significativo es que los dos cometas interestelares anteriores no permitieron este tipo de análisis detallado. El 1I/ʻOumuamua carecía de gas observable, y el 2I/Borisov era demasiado débil para permitir mediciones precisas de sus proporciones isotópicas. El 3I/ATLAS, en cambio, fue detectado mientras se acercaba al Sol, lo que dio a los astrónomos tiempo suficiente para estudiarlo con los instrumentos más poderosos disponibles. Su brillo sin precedentes hizo posible lo que antes era imposible.

Ahora, mientras el cometa se aleja del Sol y las observaciones con el Very Large Telescope llegan a su fin, los investigadores ya están mirando hacia el futuro. El próximo Telescopio Extremadamente Grande de la ESO permitirá realizar mediciones similares en futuros objetos interestelares, incluso si son menos brillantes que este cometa. Eso significa que el 3I/ATLAS no es un caso aislado, sino el primero de una nueva era en la astronomía, una en la que los visitantes del espacio interestelar se convertirán en herramientas rutinarias para explorar cómo se formaban los mundos en épocas remotas del universo.

Son una especie de fósiles de un proceso de formación planetaria que ocurrió muy lejos, pero que tenemos la oportunidad de estudiar desde mucho más cerca
— Cyrielle Opitom, investigadora de la Universidad de Edimburgo
3I/ATLAS es una oportunidad realmente emocionante para investigar la composición de otro sistema planetario, uno que se formó mucho antes de que existieran nuestro Sol y nuestro Sistema Solar
— Rosemary Dorsey, investigadora de la Universidad de Helsinki
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