En los laboratorios de Stanford, un equipo liderado por un Premio Nobel ha encontrado miles de estructuras de ARN circular —bautizadas 'obeliscos'— que habitan silenciosamente dentro de las bacterias de la boca y el intestino humanos. No son virus, no son viroides: son algo que la biología aún no tenía nombre para designar. Este hallazgo no solo amplía el mapa de la vida microscópica, sino que nos recuerda cuánto del universo interior del cuerpo humano permanece, todavía, en la oscuridad.