Descubren nueva especie fósil de marsupial "dientes de sable" de 2,5 millones de años

Un depredador que confiaba en la fuerza bruta de sus miembros delanteros
Pampaluctor calibar cazaba como el Smilodon, sometiendo presas en el suelo antes de morder.
Mark

¿Por qué es tan importante que sea un esqueleto parcial y no solo un diente o un hueso suelto?

Mimi

Porque un hueso aislado te dice poco. Con un esqueleto parcial, los científicos pueden medir proporciones, entender cómo estaba construido el animal, cómo cazaba. Esos fragmentos de extremidades anteriores y posteriores cuentan una historia sobre su estrategia de supervivencia.

Luke

Pero espera, ¿cuánto del esqueleto realmente tenemos? Dice "parcial". ¿Falta el cráneo, que es donde estarían los dientes de sable?

Mimi

Sí, falta el cráneo. Así que no vemos directamente esos dientes icónicos. Pero la estructura de las extremidades es lo que permite a los investigadores inferir cómo cazaba.

Mark

¿Y cómo saben que pesaba cien kilos exactamente?

Mimi

No es exacto. Son estimaciones basadas en las proporciones óseas que tienen. Es una aproximación razonable, pero no una medida precisa.

Luke

Eso es importante aclarar. Cien kilos es una estimación, no un número que puedan verificar directamente.

Mark

¿Qué significa que sea el tilacosmílido más joven antes de la extinción?

Mimi

Que todos los demás de su grupo que conocemos son más antiguos, o vivieron después de que este linaje desapareciera. Es como encontrar el último superviviente de una especie, pero en el registro fósil.

Luke

Aunque técnicamente no sabemos si fue el último. Solo sabemos que es el más reciente que hemos encontrado hasta ahora. Podría haber otros más jóvenes que aún no se han descubierto.

Mark

¿Vivió en un mundo muy diferente al de sus parientes más antiguos?

Mimi

Sí, porque el Gran Intercambio Biótico Americano estaba en pleno desarrollo. Había nuevos depredadores llegando del norte, nuevas presas. El mundo que Pampaluctor conocía era más competitivo, más complejo.

  • Un esqueleto parcial observado en 2013 permaneció inaccesible durante años en acantilados costeros, poniendo a prueba la paciencia y la logística de los investigadores.
  • El fósil resultó ser el tilacosmílido más reciente conocido antes de la extinción total del grupo, convirtiendo cada hueso recuperado en una pieza irreemplazable del rompecabezas evolutivo.
  • Los análisis filogenéticos revelaron que Pampaluctor era pariente directo del célebre Thylacosmilus, pero con una anatomía que sugiere una estrategia de caza más agresiva y de contacto físico, similar a la del Smilodon.
  • El hallazgo fue publicado en septiembre de 2026 en una revista internacional de paleontología, consolidando a las barrancas bonaerenses como un archivo natural de primer orden para comprender la megafauna sudamericana extinta.

En las costas del sudeste bonaerense, donde el mar erosiona lentamente las barrancas, el tiempo guardaba un secreto de dos millones y medio de años: un depredador marsupial de cien kilos que fue el último de su linaje antes de la extinción definitiva. Científicos argentinos describieron en 2026 al Pampaluctor calibar, un tilacosmílido hallado en Miramar que vivió en el umbral entre el Plioceno y el Pleistoceno, cuando América del Sur se transformaba por el encuentro con la fauna del norte. Su descubrimiento no solo amplía el árbol genealógico de los grandes carnívoros extintos, sino que recuerda que la historia de la vida en la Tierra sigue inscrita en la piedra, esperando ser leída.

En las barrancas del sudeste bonaerense, hace dos millones y medio de años, acechaba un depredador de cien kilos con dientes de sable. Era un metaterio —pariente antiguo de los marsupiales modernos— perteneciente a un linaje carnívoro que dominó América del Sur durante millones de años antes de desaparecer para siempre.

Sus restos fueron observados por primera vez en 2013 en Miramar, pero no fue hasta 2016 que los investigadores pudieron acceder a los afloramientos de la Formación Vorohué. Lo que encontraron no era un hueso aislado: era un esqueleto postcraneal parcial con vértebras cervicales, fragmentos de húmero y radio, gran parte del fémur izquierdo y otros elementos óseos que guardaban información precisa sobre las dimensiones y relaciones evolutivas de la criatura.

Tras años de estudio, un equipo de seis científicos publicó sus hallazgos en septiembre de 2026 en la revista Alcheringa. Le dieron al animal el nombre Pampaluctor calibar: el género combinaba una referencia a la región pampeana con la palabra latina luctor —luchar, forcejear—, mientras que el nombre específico homenajeaba a Calibar, un gaucho del siglo diecinueve célebre por rastrear ladrones en la Argentina.

Con aproximadamente dos millones y medio de años de antigüedad, Pampaluctor calibar es el tilacosmílido y esparasodonto más joven conocido antes de la extinción total del grupo. Vivió durante la transición entre el Plioceno y el Pleistoceno, en pleno Gran Intercambio Biótico Americano, cuando fauna del norte ingresaba a Sudamérica y viceversa. Los análisis filogenéticos lo ubicaron como taxón hermano del famoso Thylacosmilus, aunque con diferencias notables: sus extremidades anteriores eran sumamente poderosas, combinadas con patas traseras más cortas, lo que sugiere una estrategia de caza similar a la del felino Smilodon, especializada en someter a las presas en el suelo mediante la fuerza bruta antes de morder.

El hallazgo ilumina simultáneamente la evolución convergente de los grandes depredadores sudamericanos y la riqueza paleontológica que aún permanece oculta en las barrancas bonaerenses, a la espera de que futuras generaciones continúen desenterrando los secretos de un mundo perdido.

En las barrancas del sudeste bonaerense, donde hoy se alzan ciudades turísticas y rutas transitadas, hace dos millones y medio de años acechaba un depredador de cien kilos con dientes de sable. Era un metaterio, pariente antiguo de los marsupiales modernos, y pertenecía a un linaje de carnívoros que dominó América del Sur durante millones de años antes de desaparecer para siempre.

Los restos de este animal fueron observados por primera vez en 2013 en Miramar, pero no fue hasta 2016 que los investigadores pudieron acceder a los acantilados costeros donde yacían, en los afloramientos de la Formación Vorohué. Lo que encontraron no era un hueso aislado, sino un esqueleto postcraneal parcial que incluía las primeras seis vértebras cervicales, parte de la escápula derecha, fragmentos del húmero y radio derechos, gran parte del fémur izquierdo, parte de la tibia izquierda, dos vértebras caudales y otros elementos óseos. Cada pieza guardaba información sobre las dimensiones y relaciones evolutivas de la criatura.

Tras años de estudio minucioso, los científicos Eric N. del Campo, Federico L. Agnolín, Nicolás R. Chimento, Daniel Boh, Mariano Magnussen y Francisco De Cianni publicaron sus hallazgos en septiembre de 2026 en la revista Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology. Le dieron al animal un nombre que capturaba su esencia y su geografía: Pampaluctor calibar. El género combinaba una referencia a la región pampeana con la palabra latina luctor, que significa luchar o forcejear. El nombre específico rendía homenaje a Calibar, un gaucho del siglo diecinueve célebre por rastrear ladrones en la Argentina.

Lo que hace extraordinario a este fósil es su posición en el tiempo. Con una antigüedad de aproximadamente dos millones y medio de años, Pampaluctor calibar es actualmente el tilacosmílido y esparasodonto más joven conocido antes de que el grupo entero se extinguiera. Los esparasodontos eran un clado extinto de mamíferos metaterios carnívoros originarios de América del Sur, y este ejemplar vivió durante la transición entre las épocas geológicas del Plioceno y el Pleistoceno, un período crucial en la historia faunística sudamericana. En esos tiempos se desarrollaba el Gran Intercambio Biótico Americano, cuando animales de América del Norte ingresaban a Sudamérica y grupos sudamericanos se desplazaban hacia el norte. Pampaluctor convivió con esa transformación continental.

Los análisis filogenéticos revelaron que Pampaluctor era el taxón hermano de Thylacosmilus, el famoso marsupial dientes de sable que habitó América del Sur durante el Neógeno y que se convirtió en uno de los ejemplos más notables de evolución convergente entre mamíferos depredadores. Pero había diferencias cruciales. Mientras que Thylacosmilus tenía características distintas, Pampaluctor poseía extremidades anteriores sumamente poderosas y desarrolladas para el agarre, combinadas con patas traseras más cortas. Esta configuración sugiere que adoptó una estrategia de caza similar a la del felino placentario Smilodon, especializada en someter y forcejear fuertemente a sus presas en el suelo antes de morder. Era un cazador de contacto cercano, un depredador que confiaba en la fuerza bruta de sus miembros delanteros para dominar a sus víctimas.

El hallazgo representa dos cosas simultáneamente. Por un lado, una nueva pieza para reconstruir el escenario evolutivo de los grandes depredadores sudamericanos, mostrando cómo diferentes linajes convergieron en estrategias de caza similares. Por otro, es evidencia más de la extraordinaria historia natural que permanece registrada en las barrancas del sudeste bonaerense, todavía parcialmente oculta, esperando a que futuras generaciones de paleontólogos continúen desenterrando los secretos de un mundo perdido.

Adoptó una estrategia de caza similar a la del felino placentario Smilodon, especializada en someter y forcejear fuertemente a sus presas en el suelo antes de morder
— Estudio de los investigadores del Campo, Agnolín, Chimento, Boh, Magnussen y De Cianni
Quer a matéria completa? Leia o original em Clarin.com ↗
Fale Conosco FAQ