En las montañas de la Sierra Norte de Puebla, entre vegetación que la ocultaba del mundo, una instalación de más de mil equipos de cómputo operaba en silencio, extrayendo valor digital de la red eléctrica nacional. Las autoridades mexicanas, tras meses de inteligencia y vuelos de reconocimiento, descubrieron en Tlaola lo que podría ser uno de los mayores casos de robo de energía a la CFE vinculado a la criptominería en la región. El caso plantea una pregunta que trasciende lo técnico: hasta dónde llega la frontera entre la innovación financiera y el despojo de bienes comunes.